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TG – Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 19: El más alto.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 19: El más alto.

Esta vez decidieron viajar durante la noche.

Todos recordaban lo que había sucedido el día anterior con el desbordante calor y era por eso que decidieron moverse de noche.

No deseando que cuando el sol saliera se encontraran con otra ola de calor y tal acción demostró ser la correcta.

Edward no pudo negar que esta fue la mejor decisión que habían tomado.

Era cierto, que viajar de noche hizo que se encontraran varias bestias saliendo del bosque mágico y algunas criaturas viniendo del desierto, pero comparado al día anterior, fue pasable.

Incluso cuando llegaban algunas criaturas de rango A, era más aceptable y la mayor razón era por los gusanos.

Esos gusanos le gustaban moverse de día y se ocultaban debido a que durante la noche la temperatura disminuía.

Enfrentarse a criaturas que se mostraban directamente era mejor que tratar de vencer a algunos gusanos bajo tierra.

Agregando no tener que aguantar ese calor que hizo que Edward sudara y se encontrara en la peor situación de toda su vida, tales batallas frecuentes fueron solo una mejora.

Sus relámpagos crepitaban por el aire disfrutando e iluminando la noche mientras quemaba a sus enemigos.

¿Y que si se encontraba con un escorpio de rango A?

Él era fuerte y lo demostró por completo mientras viajaba como patrullero nocturno.

Sin embargo, la sorpresa que habría en otro grupo, al ver alguien tan joven como él demostrando tanta fuerza, no sucedió.

Edward sabia la razón, pero no le gustaba la idea.

Esa ‘niña’ y su amiga junto a Abdellah patrullaban el área adelantándose a la caravana, disminuyendo los enemigos que se enfrentaban de parte del ejército.

Cada vez que pensaba en ese dúo que tenía un año menos que él, Edward se sentía más irritado.

¿Por qué la dejaban ir por su cuenta cuando ella lo deseaba y a él lo restringían en un grupo?

No solo era porque ellas eran las ‘jefas’ también había otra razón de mayor importancia.

Aun así, Edward lo negó… No aceptó tal posibilidad y por eso se centró en el enfrentamiento.

Arnold fue quien demostró una mayor ferocidad cuando las bestias mágicas llegaban del bosque mágico.

Su presencia bestial era lo suficiente como para llevar a que las bestias y criaturas dominadas por su instinto, sintieran miedo y se alejaran.

Era cierto que no funcionaba con las criaturas del desierto y solo con aquellas que venían del bosque mágico, pero no había duda de que fue de gran ayuda.

La noche se demostró ser mejor que el día, pero más peligrosa, los enemigos seguían llegando dejando a la vista que este lugar nunca había sido limpiado.

Su euforia por luchar y tratar sacar sus emociones por la situación del día anterior, se convirtió en cansancio cuando el número de criaturas no empezaba a disminuir.

La caravana seguía su viaje, no tan rápido debido a que los camiones tenían que pavimentar un camino, pero aun así seguía su marcha.

Eso significó que los grupos de patrulla que se encontraban con un grupo de enemigos tenía que moverse volando para interceptarlo y luego volver a volar para retomar su guardia.

El objetivo era proteger la caravana mientras se movía, pero incluso de esa forma fue difícil.

No era porque Abdellah y esas dos niñas no hicieron nada, algunas veces las criaturas del desierto llegaban muy malheridas y algunas de ellas de por sí, siempre viajaban en grupo.

Que solo una llegara dejaba ver la eficacia de lo que ese trío estaba haciendo.

De lo que se trataba era que el número de criaturas se volvió mayor del que pudieron manejar.

Ellos no eran los únicos que odiaban el calor y eso se dejó en evidencia, ante tantas criaturas que salían de su escondite.

El brebaje para ver en la oscuridad ayudaba, pero el cansancio de la batalla se volvía cada vez más y más pesado volviendo la situación más difícil.

Solo fue cuando Arnold salió para hacer el cambio de guardia, que la presión disminuyó.

Se había transformado en una bestia mitad humana de dos metros.

Su cabeza era la de un toro con grandes cuernos cuyas puntas parecían afiliados, su torso y brazos musculosos eran humanos a pesar de que eran ligeramente peludos con una tonalidad rojiza y desde su cintura hacia abajo volvían a cambiar a patas de toro con pezuñas.

Era el ‘Toro Rojo’ que le daba nombre a su gremio… Una semejanza extrema a los reconocidos ‘minotauros’ de las leyendas de la tierra y que existían en Terra nova.

Tal feroz toro se equipó con una armadura y tomó un hacha gigante logrando que los aventureros lo alentaran cuando cargó dividiendo a sus enemigos.

Fuerza, dureza, agilidad y bestialidad.

La aparición de un rango S disminuyó la presión en todos los patrulleros y les permitió a todos descansar

Edward fue uno de esos favorecidos.

Él tenía una enorme fuente de energía mágica que lo hizo capaz de lanzar toda clase de hechizos e incluyendo algunos hechizos con la fuerza de rango S, sin embargo, estaba agotado.

Una parte de él, festejo el descanso.

Estaba somnoliento, su cabeza dolía ante tanto gasto de energía mágica y su cuerpo estaba extremadamente agobiado por el viaje.

Era normal disfrutar un descanso, pero otra parte de él, le exigió que se presionara y avanzara.

La mayor razón era que el grupo de Abdellah y esas dos no habían vuelto, incluso luego del cambio de guardia.

Estaba claro que no le había sucedido nada debido a que se comunicaban con los líderes, pero el problema era que seguían luchando allí afuera.

Eso lo molestó, pero sobre todo lo empujó a exigirse más.

Si ellas estaban luchando, ¿él no debía ser igual?

Eran un año más joven y no las vio quejarse o caer agotadas, solo siguieron trabajando.

Nadie le dijo algo, era imposible que en tal situación en donde todos estaban muy cansados alguien pudiera juzgarlo.

Aun así, fue suficiente con que él, lo pensara.

Era por eso que cuando llegó el momento de salir de vuelta lo hizo.

Su parte más testaruda, aquella que negaba la realidad de ver dos jovencitas luchar por si sola en este peligroso lugar, lo empujaba a presionarse cada vez más.

Podía quedarse atrás a descansar, pero su orgullo no lo permitiría y era por esa razón que salió para luchar sin dudarlo.

Cuando empezó a amanecer la temperatura aumentó de forma excesiva y si bien las criaturas nocturnas dejaron de aparecer, algunos gusanos comenzaron a llegar.

Incluso en ese momento ellas dos y Abdellah no volvieron.

Solo fue cuando por fin dejaron el desierto que ese grupo de tres llegaron y Abdellah que estaba ligeramente pálido en su típico semblante frío, dejo en evidencia lo pesado que fue el trabajo.

El alivio al dejar la zona desierta y volver a una llanura más verdosa, pero menos calurosa hizo que todos festejaran.

Sin duda había sido un viaje extremadamente horrible y todos estuvieron de acuerdo en ello.

La caravana volvió a partir y los conductores trataron de ir por el mejor lugar posible, creando un nuevo camino lo que hizo que se retrasaran un poco.

Esa felicidad no disminuyó, hasta que algo de civilización empezó a aparecer o al menos lo que quedaba de ella.

Ciudades abandonadas y ruinas destruidas, caminos destrozados hace ya tiempo.

Había algunas casas precarias en medio de esas ruinas, pero incluso esos lugares fueron abandonados… No, cuando Edward fue a explorar esas ruinas, se encontró con demasiados huesos.

El grupo de exploración estaba dirigido por Aurora y a diferencia de las otras personas o él, que ponían miradas de disgusto ante esa cruel realidad, ella dejaba ver una expresión fría.

Eso no solo sucedió una sola vez, cuando encontraron la antigua carretera y la usaron, tales escenarios empezaban a aparecer con mayor frecuencia.

Entre más se acercaban a su destino mayor destrucción pudieron ver hasta que en un momento, ya no fue algo del pasado lejano.

Hasta que se encontraron con una aldea que recientemente había sido atacada por monstruos.

Los cadáveres y cuerpos todavía maltrechos y podridos en ese lugar hicieron que Edward deseara vomitar, pero no lo hizo.

No importa si vio a mujeres y niños entre los cadáveres, su expresión cambio de distintas formas, pero trató de mantener una apariencia fría, como ella lo hizo.

Quien simplemente observó todo el lugar y luego ordenó quemar todo siguiendo el consejo de la Cardenal Brousseau, evitando que los cadáveres de los fallecidos no sufrieran más daño.

Tales cosas estaban sucediendo en este momento… Eso era lo que Edward entendió al ver esos escenarios.

La moral de la caravana y la alegría se transformó en tragedia, pero a diferencia de él y los aventureros que parecían venir de otra parte, los milicianos y ellas parecían acostumbrados.

A Edward le disgusto esa palabra, pero estar ‘acostumbrado’ al dolor y a la muerte era la mejor forma de llamarlo y ellas lo estaban… No, él recordó esa noche que escuchó el llanto y volvió a quedar en silencio.

Cuando más se acercaron a su destino notaron algo de vida, pero no hubo alegría.

Pueblos caídos en la ruina, desgastados y que solo estaban sobreviviendo… Esa era la única forma que se podía llamar.

Aquí no se vivía, se sobrevivía.

Edward solo observó tales escenarios en un frenesí de emociones.

No iba a ser tan estúpido de pensar que estas cosas no sucedían, la pobreza, la crueldad y el sufrimiento sucedía en todas partes y la única diferencia era el lugar.

En mayor o menor medida, siempre fue lo mismo.

Sin embargo, lo que cambiaba era si lo había visto o no… Si lo sabía y lo ignoraba, o simplemente si no estaba al tanto.

¿Cuál persona de esos era peor?

¿Era el primero que lo sabía y lo ignoraba o era el segundo que creía que no sucedía tales cosas?

Sumándose a tales crueles circunstancias se encontraban milicianos y los señores de la guerra que controlaban la zona.

Esos milicianos aparecieron, primero fueron algunos jeeps exploradores y luego empezaron a llegar algunos jeeps armados.

Edward observó a los milicianos que empezaban a dar sonrisas viciosas a lo lejos con sus metralletas apuntándoles como si quisieran causar temor.

Esas metralletas eran armas viejas y no estaban modernizadas y a pesar de que su calibre era mayor, en realidad solo podría causar algunas heridas superficiales a individuos débiles.

Un rango A como él, podría resistir los disparos e incluso podría recibirlo en grandes cantidades si usaba un hechizo de protección.

Tal vez no tuviera el cuerpo fuerte, pero ellos eran usuarios de habilidades a diferencia de esos milicianos que eran solo humanos.

Sin embargo, para las personas normales que vivían en este lugar y trataban de sobrevivir, tales individuos eran lo más peligroso que se podían encontrar.

Cuando más de tres jeeps llegaron completamente armados viajando a su lado para seguirlos, Abdellah distorsionó el espacio en lo alto del cielo y desde esa distorsión él apareció.

Liberando su presencia sin contenerse, hizo que los alrededores se distorsionaran, pero eran aquellos que sentían tal presencia quienes sufrían.

Edward sintió que perdía el equilibrio y su visión se distorsionó un poco, todo eso causado por la presencia que lograba estremecer su sentido del ‘espacio’.

Eso solo era un efecto de tal poderoso individuo, pero lo peor era que daba la sensación de que podían ser aplastados por el mismo ‘espacio’.

Los milicianos que se preparaban para hacer algo, detuvieron sus jeeps e incluso algunos chocaron debido a que sus sentidos fueron afectados.

Si Edward sentía esas cosas, era imposible de imaginar lo que podía sentir un humano común.

No tenía barreras naturales, fuerza, resistencia física o mental, simplemente era normal en todo sentido.

A diferencia de él, que podía resistirse debido a su fuerza en general y su fortaleza mental común en todo mago, esos milicianos cayeron desmayados de inmediato.

El viaje continuó, aun así, tal evento dejo en claro que lo que esperaría no era nada agradable.

Desde este momento se podían considerar que estaban en tierras peligrosas, un mayor peligro que antes.

Después de todo, entre las criaturas, monstruos y bestias mágicas, el peligro del ser humano era el más alto.

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