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TG – Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 25: Y ellos no serían los últimos.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 25: Y ellos no serían los últimos.

Aurora observó a la mujer de piel oscura y curvas encantadoras que se encontraba al frente de ella.

Eposi Alima, era una mujer bastante encantadora y una local de este continente, que era compañera de Cynda y su esposo Zhan Tian.

Ahora también era miembro fundadora del Gremio Orisha Oko y era la persona que se iba a quedar en la ciudad Zinder.

Como un rango A, iba a ser muy útil en este lugar para mantener cierto control y asegurar que las cosas fueran bien.

“Gracias por tomar este trabajo, sé que puede ser difícil.” Dijo Aurora con una media sonrisa.

Ahora mismo estaba en la sala en donde los Orisha Oko residirían… Este lugar que había sido durante este tiempo su centro de mandos, ahora se convirtió en una sucursal del gremio.

Estaban a punto de abandonar la ciudad, comenzando su viaje, un largo viaje de vuelta a Zerzura.

Sin embargo, no había duda de que Alima iba a tener un trabajo bastante complicado en su futuro y a los ojos de Aurora, más difícil que ir en la caravana.

La caravana pasaba por el bosque mágico y se podía enfrentar a bestias mágicas, criaturas y monstruos, pero Alima tendría que mantener la rienda sobre la ciudad y dar una apariencia imponente, para mantener la imagen que ella con su glotona amiga había establecido.

“Es mi trabajo.” Respondió Alima con su expresión seria.

Daba una sensación de frialdad, pero no indiferencia, y se notaba decidida con realizar un buen trabajo.

“Aun así, es agradable tener alguien confiable.” Dijo Aurora y dándole una mirada seria, agregó. “Recuerda comunicarte con nosotros si necesitas ayuda. Vendremos de inmediato.”

Podían usar el portal de la iglesia para venir en caso de emergencia, así que mientras avisaran podían acercarse.

Abdellah había grabado un punto ‘espacial’, que le permitía teletransportarse en cualquier momento y de cualquier lugar.

Si bien iba a ser agotador en cuanto al gasto de energía mágica, era posible realizar tales viajes.

Alima asintió con solemnidad.

No estaba mintiendo de que ella resultaba confiable.

Habían confiado en ella y en Nicholas para establecer una base antes de que llegaran y era Alima quien logró conseguir el apoyo del ‘General’ para permitirle mover refugiados.

No había ninguna duda de que podía mantener su buen trabajo.

Dejando ese lugar mientras era acompañada de Cynda, Zhan Tian y Nicholas, Aurora pudo ver una mirada extraña en este último.

Seguramente estaba pensando en su error de no haberle informado sobre los tratos sucios que se llevaban a cabo en la ciudad y Aurora estaba de acuerdo que fue un error, pero no pudo molestarse.

Ante los ojos de la mayoría era una ‘niña’.

Una adolescente en sus dieciséis años que todavía no terminaba la secundaria y que parecía demasiado imprudente con sus ideales… Y lo era.

Inmadura, inexperta e imprudente, alguien que se mueve primero antes de pensar en las consecuencias o en un posible panorama general.

Sin embargo, al final se movía porque tenía la fuerza para actuar y porque si era necesario cargaría con las consecuencias de sus acciones.

Tampoco negaba que una parte deseaba mejorar, y seguir avanzando, a pesar de que varias veces volvía a caer en los mismos errores y usar los caminos fáciles, lo intentaba.

Caminando por la ciudad y dirigiéndose al exterior en donde estaban los setenta camiones estacionados, Aurora observó todo con calma.

Alrededor de dos mil personas estaban por el área preparada para moverse.

Los anillos espaciales de los paladines de la iglesia llevaban los bienes más importantes de lo que deseaban irse y ahora ellos estaban esperando a que comenzara todo.

Faltaba un poco para que amaneciera, pero se podía ver algo de luz que se filtraba en el horizonte dando aviso que el amanecer se acercaba.

Se trataría de llevar a treinta personas por camiones contando a las fuerzas presentes y lo que significaba que iba a ser una caravana muy cargada.

Aurora podía ver a los diferentes grupos preparándose desde el gremio ‘Toros Rojos’, la Cardenal Brousseau, Makeba e incluso Edward estaba preparando su equipo.

Se había enviado algunos suministros a través del portal y con ellos artefactos que permitían a los rangos S y rangos A moverse usando magia espacial para cubrir toda la cola de la caravana.

Aun así, ella podía notar el miedo en la gente.

Miedo por el viaje, por el bosque mágico y por el futuro, pero entremezclado con ese temor, se encontraba esperanza.

Era minúscula, pero ahí estaba, presente.

En esos niños que escucharon sobre la escuela, esas madres y padres que deseaban un mejor futuro o esos ancianos que parecían cínicos debido a la crueldad de la realidad.

No importaba su edad, cada uno de ellos en el fondo no podía evitar sentir esperanza.

Y al mirarlo Aurora no podía decir que no sentía nada.

Mentiría si dijera eso y la verdad era que algo en el fondo de su interior estaba ardiendo.

No era gratificación por ser su salvadora, orgullo o alguna emoción de esa clase… Era su deseo de ayudar que estaba elevándose.

¿Y que si durante esta semana su llanto aumento? ¿O qué sus pesadillas se volvieran recurrentes?

Ante la vista que estaba observando, ante la esperanza que ellos estaban sintiendo, Aurora lo sabía.

Aunque fuera tragada por el peor de los abismos, empujarían la pequeña luz que ellos emanaban hasta asentarlas en esas tierras seguras conocidas como Zerzura.

Ahora tenía que luchar, no por ella quien cada vez se hundía más, sino que por otros y aunque tuviera que usar su espada manchada de sangre mientras su mano temblaba, lo haría.

Los llevaría a su destino… Y ellos no serían los últimos.

******

Edward revisó su equipo de forma seria.

Su varita, su túnica de mago, el artefacto de limpieza, pociones y pergaminos en caso de emergencia y sus artefactos de comunicación tecnológica y telepático.

Había cerca de veinte rangos A entre los cientos ochenta miembros de las fuerzas.

Los rangos S no cambiaron en número y en cierta forma el número de rangos A tampoco lo hizo y solo el número de los rangos B y menor aumentaron.

Si bien los rangos B se considerarían ‘expertos’ a lo que se enfrentaban ahora era al bosque mágico.

Eso significaba que esos expertos podían ser derribados si no tenían un apoyo fuerte que se encargara de ellos y en este caso, tanto él como los demás rangos A iban a ser tales apoyos.

La idea era reducir bajas en su marcha, mantener una vigilancia alta y llevar la caravana, lo más seguro y rápido posible.

El transcurso hasta salir del bosque mágico era largo y si bien Abdellah había explorado la zona de antemano dejando en claro que el camino estaba presente, no había duda de que iba a ser problemático.

Era esta clase de misión que necesitaba, un desafío que le diera tensión… Y ahora podía sentir la tensión no solo en su cuerpo, sino que en el aire y la atmósfera.

Esta iba a ser la primera vez que Zerzura o cualquiera de sus fuerzas se adentraban al bosque mágico y al ser extranjeros eran básicamente desconocedores del verdadero peligro que representaba.

Tal vez era la parte más externa, pero solo un idiota subestimaría el bosque mágico y más cuando ellos viajaron por el desierto.

Edward podía ver a sus compañeros que también estaban tensos.

Le gustaba estar más con los aventureros y mercenarios que con los milicianos o paladines, pero ahora incluso los aventureros más indiferentes, llevaban expresiones solemnes.

Olvidaron que fueron regañados por su líder debido a beber de forma imprudente y ahora dejaban ver que eran experimentados al tomarse este asunto de forma seria.

Respirando hondo para calmar sus emociones, Edward pudo notar que las personas se estaban moviendo.

“¿Qué sucede?” Dudó un mercenario con una mirada extraña.

Estaban a momentos previos del viaje y solo faltaba la orden para que las personas subieran a sus camiones antes de partir.

Sin embargo, ahora la gente se estaba moviendo y reuniéndose cerca de la ciudad.

“La persona que lidera va a dar un discurso.”

“Dicen que es una adolescente muy joven, pero se la vio en muchos lugares.”

“Salió manchada de sangre de los bastardos que pertenecían al Gremio Roble e incluso liberaron a la gente que atraparon.”

Cuando Edward se dirigió al lugar pensando que era alguien causando problemas, pudo escuchar las voces de los alrededores.

Entre medio del discurso que se decía que se estaba por dar, los murmullos de las acciones que ambas hicieron empezaron a sonar y Edward no pudo negar que tuvo celos.

Tal era la emoción que estaba sintiendo.

Su arrogancia le impedía que otras personas más jóvenes fuera mejor que él.

Ellas fueron impecables.

A sus dieciséis años ellas podían decir que eliminaban rangos S y podían derribar gremios a su voluntad con una fuerza aterradora.

Tan jóvenes y tan fuerte, estaba claro que alguien con sus edades tenía posibilidades ilimitadas.

¿Hasta dónde podían llegar? Muy seguramente lo superarían… No, ya lo habían superado.

Esa fue lo que la parte más racional de él, respondió de inmediato y tal respuesta lo molestó.

Empujando a la gente para acercarse más, pudo ver como Aurora, Alice y los demás líderes subían a una plataforma creada por unos magos de tierra.

Alice llevaba ropa negra muy cómoda como si estuviera en una clase de pícnic, pero era Aurora quien llevaba una armadura de batalla sin características notables, quien resaltaba.

Muy posiblemente fuera un equipo comprado al azar y no uno personalizado, pero incluso cuando uno miraba tales detalles, no podían negar que su presencia era cautivadora.

Sus rasgos delicados dejaban en claro que era una jovencita, pero sus ojos negros que brillaban con fuerza, demostraron que no era normal.

Y no lo era…

“…”

Ella comenzó con su discurso y Edward no pudo escucharlo debido a que sus emociones resurgían.

Aurora no oficializó su título, solo se presentó de forma superficial y priorizó el estatus de la Cardenal Brousseau, Abdellah y Arnold quienes eran rango S.

Puso énfasis en la iglesia para dar confianza y luego pidió calma, orden y disciplina a la hora de que los refugiados se movieran.

Entonces, observó a la gente detenidamente.

Era joven, fuerte y aunque ella lo negara, sus palabras atrapaban a todos y no eran por un alto carisma, era por sus acciones.

No necesitaba dar promesas, ella demostró que podía cumplir con sus palabras y dejo en evidencia que era alguien que actuaba en vez de hablar.

“Haré lo que esté en mi alcance para llevarlos a Zerzura a salvo.” Declaró Aurora con un tono serio antes de bajar del escenario.

Uno pensaría que diría algunas palabras más llamativas o floridas, pero no, solo le dejo en claro lo que ella haría.

Aun así, la confianza que generaron tales palabras hizo que Edward observara a los alrededores con seriedad.

Los refugiados obtuvieron un aumento de ánimo y como nadie deseaba quedarse atrás de una adolescente que ante sus ojos sería una niña, todos los miembros de la fuerza obtuvieron un mayor vigor.

Edward se quedó parado en su lugar.

Era fuerte a una edad joven y lo hizo creer que era el mejor, pero ahora se encontró a dos personas que eran un año más joven y tenían una fuerza mayor.

Como si fuera poco mientras él estaba pensando sobre su futuro al inscribirse en la academia de héroes, ellas estaban trabajando llevando a cabo estas misiones.

Ellas podían subirse a esta plataforma y mirar a todos hacia abajo y nadie podría criticarlas.

Edward que había estado en Zerzura sabía que ellas no eran simples y que estaban muy relacionadas con la creación de la ciudad, hasta el punto de que algunos decían que, por ellas, todo comenzó.

¿Qué sentido tenía estar orgulloso ahora? ¿De qué servía su sentido de superioridad comparada al historial de la otra parte?

¿Y por qué en este mismo instante estaba sintiendo ira?

Estaba convirtiendo su frustración en ira y lo peor, era que su racionalidad estaba siendo desbordada al pensar sobre ella.

Sin embargo, incluso él no podía negar la verdad en lo profundo de sí mismo.

Ella era mejor que él.

En su estado actual, con sus logros actuales y su personalidad, solo había estado orgulloso por asuntos insignificantes.

Mientras que él se enorgullecía por escalar un pequeño montículo, ellas estaban escalando una gran montaña y no parecían querer detenerse en ese punto.

Edward reaccionó solo cuando las órdenes empezaron a darse, para comenzar el viaje.

 

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