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TG – Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 28: Culpable.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 28: Culpable.

Volando por el cielo, Edward se distrajo.

“¡Ataquen ahora!”

La voz repentina lo hizo reaccionar y observando a unas grandes serpientes que se acercaban, lanzó su hechizo de relámpago.

*BOOM*

Fue un hechizo destructivo y golpeó a esa gran serpiente creando una explosión que la cortó por la mitad.

En medio de ello, un mago de agua apagó el fuego al ver que no había enemigo.

Entonces, sin que nadie le dijera nada, los miembros del grupo en el que se encontraba se volvieron a mover.

Lo habían metido a un grupo de paladines y la razón de ello, era que los milicianos y todos los demás lo miraban mal.

Incluso los líderes le daban una mirada que hizo que él bajara la cabeza con vergüenza.

Estuvo mal lo que dijo… Se dejó llevar por su ira, sus celos y la situación, hablando de un tema que no debía hablar.

Cada mirada solo asentaba su propia culpa y la aumentaba cada vez más.

¿Cómo se le ocurrió decir que ella lloraba por las noches?

Lo hizo tratando de burlarse, tratando de mirarla de forma despectiva, pero ella lo aceptó… Su dolor, su llanto y su tristeza tenía una causa que él desconocía.

“No te quedes atrás, vamos a movernos.” Ordenó un paladín con seriedad.

Era la seriedad normal que actuaban los paladines, pero este en particular se notaba que fue enviado para protegerlo.

Volando otra vez por la caravana, atraparon la cola y avanzaron hacia adelante para tomar la posición de otro grupo.

El atardecer se estaba acercando y habían pasado algunas horas desde que se encontraron con las bestias mágicas, pero la atmósfera era deprimente y daba una sensación de desesperanza.

El miedo era algo que los usuarios de habilidades que actuaban como la fuerza principal tenía al igual que los refugiados.

Miedo a morir, a perder sus seres queridos y a dejar este mundo.

En medio de tal situación, las miradas que le daban a él, solo aumentaban.

Era la mirada que se le daba a alguien que hizo una estupidez y que prácticamente realizó una acción sin sentido… Y Edward estaba de acuerdo con su descripción.

Que Aurora lloraba por las noches se hizo conocido, pero nadie se rio.

Nadie podía reírse cuando ella, literalmente evito que entraran en un conflicto contra las bestias mágicas y antes de ello, había acabado con varios individuos.

Edward aguantó las miradas, no porque pensaba que estaba en lo correcto al molestarse, sino que, por lo contrario.

Sabía que se había equivocado.

Había mirado a Aurora despectivamente por ser más joven, sin embargo, quien actuó como un adolescente perdido en sus emociones fue él.

El viaje avanzó y antes de que se oscureciera, pudieron salir de ese frondoso bosque y llegaron a una zona en donde los árboles eran altos y el espacio abajo era más libre.

Esos gruesos árboles fueron arrancados de raíz para crear un terreno abierto y Arnold se encargó de la tarea de arrancarlos con su fuerza.

Era un rango S y su habilidad innata le daba una gran fuerza, por otra parte, Abdellah movió los árboles con su magia espacial.

El trabajo demoró bastante tiempo, pero fue necesario para crear el terreno en el que todos pudieran descansar.

Luego se movieron los camiones para usarlos como barreras, poniéndolo alrededor del campamento y recién en ese momento se empezaron a instalar las carpas.

Las carpas fueron compradas por la Empresa Apicius, y estaban encantadas con magia espacial, lo que hizo que sus interiores parecieran cabañas de madera equipadas completamente.

En su construcción se priorizó habitaciones, pero los baños estaban presentes y fueron instalados en el área.

Y en cuanto a la ducha, se utilizaba artefactos de limpieza que solucionaba el tema de la higiene.

Entonces los paladines y sacerdotes empezaron a hacer la comida, mientras que algunos refugiados le ayudaban.

Dos mil personas necesitaban alimentarse y aquellos que tenían circunstancias más especiales, necesitaban revisar su condición.

Cada miembro de la caravana tenía demasiado trabajo y solo él fue dejado de lado.

Tomaron distancia tal vez por dejar en evidencia su conflicto con la líder o quizás era por las palabras que había mencionado al frente de todo.

Edward respiró hondo, dirigiéndose a la carpa principal del mando, pero antes de que pudiera llegar notó que una joven se interponía en su camino.

Comiendo una bolsa de papitas, esa joven de ojos negros se detuvo al frente de él.

Era una belleza indiscutible que resaltaba incluso con una bolsa de papitas en sus manos, pero Edward al ver esos ojos fríos e indiferentes, se dio cuenta de que no era normal.

“He estado aguantando tu presencia porque debía cumplir con el favor de mi madre, pero lentamente te has estado volviendo demasiado fastidioso.” Reveló Alice y dándole una mirada fría, advirtió. “Si te sigues volviendo tan insoportable, no me importaría dar aviso a los demonios para que vengan por ti.”

¿Estaba bromeando o solo estaba dejando salir su irritación?

Edward estaba seguro de que ella no estaba bromeando, sus ojos fríos y su voz gélida era la prueba de que sus palabras eran sinceras.

“Y si quieres disculparte, entonces disminuye tu presencia y quédate quieto sin causar problemas, hasta que te vayas de este lugar.” Dijo Alice y como si hubiera perdido el apetito, guardó sus papitas y agregó. “Luego encárgate a ir con aquellos que organizan las carpas, para que te den tu nueva habitación.”

Con tales palabras se alejó, volviendo a la carpa principal en donde parecía que Aurora y los demás estaban reunidos.

Luego de un momento los líderes de la caravana salieron de la carpa y Edward se movió.

“Lo siento por lo que dije.” Se disculpó Edward inclinándose sutilmente.

Esa eran las únicas palabras que pudo decir.

La había culpado de que podría haber hecho algo mejor, pero en ese sentido él también podría haber hecho algo mejor.

Atacaron su sección y si él hubiera lanzado hechizos más poderosos para defenderse o se hubiera movido mejor, tal vez ese camión no hubiera explotado… Y toda esa gente no hubiera muerto.

Los ‘tal vez’ eran bastante numerosas y era demasiado tarde para pensar en todas las posibilidades.

Aurora al escuchar esa disculpa, solo asintió y siguió avanzando ignorándolo.

“Tch… Madre verdaderamente nos pidió un gran favor.” Murmuró Alice disgustada mientras seguía a su amiga.

Edward no había hablado con esa joven glotona demasiado, pero ahora estuvo claro que ella lo había estado vigilando durante un tiempo.

Todos los líderes se fueron a realizar su tarea y la Cardenal Brousseau se acercó.

“No te lo tomes a pecho.” Dijo la Cardenal Brousseau con una sonrisa agradable.

Dándole una señal para que lo sugiera, Edward que estaba ligeramente perdido en sus pensamientos la siguió de forma inconsciente.

Las muertes de aquellos que refugiados eran un peso en su mente que jamás había tenido antes y a pesar de que se decía que estaba más allá de su poder, lo hizo darse cuenta de que era débil.

Una debilidad en demasiados sentidos.

Con una personalidad orgullosa y arrogante, en el cual no tenía nada para basarse.

¿Orgulloso de ser un rango A? ¿De qué en su academia fuera el único de su tipo?

¿Para qué servía ese orgullo si luego era un inútil en la práctica?

Y en ese mismo punto, para qué servía ser fuerte, si luego con su personalidad solo causaba problemas.

En ese momento no debía haberla acusado, puesto en juego su imagen y liderazgo, de la persona que literalmente era quien dirigía toda esta caravana.

Debería haber dividido los temas profesionales de los personales, pero al final nada de eso sucedió y había perdido totalmente su calma.

“No tienes que cargar con lo sucedido… Eso es lo que hace ella y es uno de sus errores.” Señaló la Cardenal Brousseau de repente y dándole una mirada, precisó. “Aurora carga con responsabilidades que no debería cargar. Ella no pudo prever ese ataque al igual que tú tampoco podrías haberlo hecho.”

Se podía preparar para las posibilidades, pero esas posibilidades eran infinitas, lo que significaba que nunca podrían estar completamente seguros.

No podían prever ese ataque… Nadie había imaginado que eso sucedería.

“Y tampoco tienes que tomarte mal la actitud de Alice o la de Aurora. La primera no parece interesarle relacionarse con otros y en cuanto a la última…” Dijo la Cardenal Brousseau y deteniéndose un momento, murmuró. “Está tratando de mantener su distancia de todos, incluso de aquellos que tratan de ayudarla.”

Edward se quedó en silencio.

“Así que no te tomes a pecho que ellas te ignoren.” Dijo la Cardenal Brousseau y dando un suspiró, murmuró. “En cuanto a si deseas perdón, tienes que empezar a mostrarlo por acciones y no por palabras. Ella es esa clase de persona que hace y no que dice.”

Tales palabras lograron que Edward temblara.

Su disculpa fue ignorada y ella tenía razón al ignorarlo.

Él mismo se había comportado muy mal, mirándola despectivamente, tratándola de forma infantil e ignorándola con su orgullo en alto.

Era cierto que la manera que la otra parte lo mantuvo a distancia, ignorándolo alimento ese rencor que él sentía, pero al final se había equivocado.

Su arrogancia y sentido de superioridad vacía, no tenía ningún fundamento.

“Si me disculpas, tengo que rezar a un dios a ver si puede prestarme su ayuda.” Declaró la Cardenal Brousseau dando una media sonrisa.

Saliendo de su aturdimiento, Edward observó a esa mujer que se fue al centro de la caravana.

En medio de ella, solo juntó sus manos y empezó a rezar en voz baja en medio de la gente.

Entonces, hubo un silencio y Edward sintió que el espacio temblaba y luego de un momento todo parecía más lento.

Dando la sensación de que el tiempo cambiaba y ese cambio fue más destacado en la Cardenal Brousseau, que pareció rejuvenecer con sutilidad.

“Oh, querido Dios protege a los inocentes…” Imploró la Cardenal Brousseau.

Una onda se extendió por toda la caravana y todos pudieron ver como el espacio era cortado de la realidad, dando la sensación de que en este momento estaban en otro ‘lugar’.

Luego todo siguió igual, pero Edward lo sabía.

En este momento, había un poder intangible que dividía la realidad del interior del campamento con el exterior, resguardando la parte interna.

Edward había oído de poderosos cardenales cuyas respuestas eran notables o que podían usar el poder de sus dioses con facilidad, un ejemplo era la Cardenal Najjar que participó en la Calamidad No-muerta.

Pero aquí fue diferente.

Sin rituales, solo con un rezo esa entidad le había respondido como lo deseaba y tal realización cambio por completo la atmosfera.

Los Dioses Primordiales eran conocidos en todas partes y que ahora alguien pudiera usar el poder de tal entidad para protegerlos animó la atmosfera.

Logrando que incluso los aventureros y mercenarios suspiraran aliviados.

Era inevitable, todos estaban demasiado cansados para resistir ataques nocturnos y al día siguiente partir de inmediato.

Lo que había hecho la Cardenal Brousseau fue solucionar el problema de la guardia, pidiendo que su dios la apoyara.

Permitiendo que todas las fuerzas pudieran descansar durante la noche para que al día siguiente pudieran avanzar otra vez.

La Cardenal Brousseau observó los alrededores y se fue ayudar a los demás, dando una señal para que continuaran con sus tareas.

Edward también empezó a ayudar y ver en donde se necesitaba su ayuda.

Dejando de lado su orgullo al hacer tareas menores o su propio lamento, tratando de actuar.

Ayudando en las tareas de la cocina, y luego encargándose en la ayuda posterior, terminó muy tarde.

Cansado por el trabajo ‘menor’, se fue a su nueva carpa.

Por su camino pudo ver que las acciones de la Cardenal Brousseau se había extendido logrando que la atmosfera mejorara.

Solo unas horas antes perdieron un camión en un trágico ataque y también sus fuerzas disminuyeron, pero ahora era diferente.

Aurora se había movido para demostrar que las fuerzas se podían hacer cargo de defenderlos y había pedido refuerzos, reponiendo su número un poco más, en caso de peligro futuro.

Cuando llegó a la carpa que compartía con unos paladines, Edward se dirigió a su pequeña habitación y en ese lugar solo se acostó.

La habitación era pequeña y simple, pero una vez que se puso a descansar, sintió que el evento anterior fue hace días.

Sin embargo, su mente trajo los recuerdos de lo que sucedió.

Como las bolas de fuego volaban en su dirección y como golpeaban a un camión, haciéndolo explotar, asesinando a todos en su interior en el acto.

Una parte de él se culpaba a sí mismo, pero otra parte solo parpadeaba mirando la nada, sin sentir el dolor de la muerte como debería.

Se sentía más culpable por haber acusado a Aurora… Y en esa atmosfera cayo dormido.

Al otro día tras levantarse y subirse a los camiones que empezaron a volver a viajar, la caravana se movilizó durante toda la mañana y mediodía, entonces finalmente salieron del bosque mágico por completo.

Escapando del peligroso bosque mágico y acercándose a Zerzura, esta vez con mayor seguridad.

En ese punto se podrían decir que habían llegado.

***Nota del autor:

Mañana ultimo capitulo de la historia paralela.

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