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TG – Historia Paralela Nuevo Comienzo Capituló 3: Lo único que podía hacer.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capituló 3: Lo único que podía hacer.

La expresión de Turay cambiaba a cada momento mientras volaba guiado por una joven.

Su mirada seguía siendo fría y sus movimientos parecían mecánicos… Solo trataba de volar para no pensar.

Aun así, el dolor y el sufrimiento seguía en sus ojos siendo más evidente que antes.

¿Cuánto tiempo estuvo con ellos?

Una semana, tal vez más.

Era difícil decir cuando tenía demasiado trabajo debido a que ellas cambiaron todo.

Ayudaron a su gente para cazar criaturas, limpiaron los alrededores del pequeño pueblo de monstruos, limpiaron mazmorras temporales y mazmorras naturales.

Esa joven y su amiga que algunas veces era vista, eran individuos poderosos, pero Turay lo sabía.

Su ayuda era una forma de ahogar sus pensamientos… Tratar de pensar y sobrellevar el dolor.

Lo sabía, porque él también lo había hecho.

Después de todo había perdido mucho durante tantos años en este barco a la deriva conocido como áfrica.

Eso era igual hoy.

La joven escuchó un llamado de auxilio por la radio de un grupo de refugiados cercanos y lo primero que dijo fue que iba a ayudar.

Y ahora estaban aquí volando al oeste más allá de las antiguas fronteras de Chad, dirigiéndose a las antiguas fronteras de la República de Níger.

Turay dudo al verla volar de forma silenciosa, pero al final preguntó. “¿Qué tal si vuelves a la escuela?”

La joven detuvo su vuelo y Turay en contra de su lado más pragmático, continuo.

“Todavía no debes haber terminado la secundaria, ¿cierto? Creo que es momento de que vuelvas… Tus padres también deben estar preocupados.” Dijo Turay con su mejor sonrisa.

Desde su llegada la joven se había convertido en el pilar del pueblo y para muchos era vista como una salvadora… Y lo era.

Sin ella, seguramente estarían sufriendo los ataques de las criaturas, la dificultad y el peligro de la caza.

El miedo de que una bestia mágica de alto rango se acercara y convirtiera en ruinas su pueblo o peor que milicianos llegaran e hicieran algo peor.

Lo mejor que podían hacer era aferrarse a ella usando todo lo que podían para atarla, pero Turay era solo un marinero en un barco… Que no dudaría de empujar a otros a un bote sano para que se salvara, mientras él lentamente se hundía.

Tenía mucha gente en su pueblo que dependían de ella, pero si su vida dependía de una joven cuyo estado mental era inestable… Entonces, Turay prefería hundirse en su bote.

Es por eso que conociendo la crueldad y la incertidumbre de su destino dio una sonrisa cordial como si pudieran con todo.

“Nosotros estaremos bien… Es mejor que vuelvas a casa y descanses.” Dijo Turay y con una sonrisa a medio en broma, declaró. “La educación es importante.”

No podía hacer que una niña sufriera su destino… No podía hacer que una niña llevara las cargas que ellos mismos representaban.

Sí, eso eran, cargas.

No eran usuarios de habilidades, solo eran personas normales tratando de sobrevivir en este caótico lugar… Como muchas personas en otras partes del mundo.

No sabía si la joven tenía padres, era difícil decir cuando ella estuvo presente en otros lugares caóticos como era oriente medio, años antes.

Tal vez sus padres le dieron libertad, tal vez no le importaba su hija o simplemente tenían confianza en su abrumadora fuerza para protegerse, esta última era normal cuando uno miraba como balanceaba su espada.

Independientemente de la razón sabía que ella podía vivir sola o acompañada en cualquier parte del mundo que fuera mejor que esto.

Con su fuerza podría ganar bastante dinero en las ciudades y vivir una vida tranquila y cómoda, sin tener que sufrir y sin tener que llevar cargas que no debería llevar.

La joven se detuvo y lo miro reconociendo sus emociones, entonces dio un suspiro tomando todas las emociones en su interior.

“Sigo estudiando solo que no de la forma tradicional…” Dijo la joven y dando una sonrisa involuntaria, declaró. “Además… Necesito esto.”

“Hacer esto hace que no pueda pensar… O tal vez mis problemas son ahogados.” Agregó con una voz cansada y adolorida.

Turay sabía que esas palabras no solo eran para él, sino que para la persona que se encontraba en la sombra de la joven.

Era un hombre adulto, pero ahora lo único que pudo decir fue…

“Entiendo.”

Esas fueron las únicas palabras que pudieron salir de su boca.

No la consoló, no trato de convencerla, solo la entendió.

Como alguien que había perdido a muchos conocidos, amigos y familiares había probado muchas formas de luto y también había tratado de no pensar.

Ambos volvieron a volar mientras que la joven dirigía de vuelta su mirada hacia adelante solo con su objetivo a la vista.

Avanzando rápidamente Turay solo la guio recordando lo poco que sabía de esta área, buscando a sus objetivos.

Un grupo de refugiados era normal en estos tiempos desolados.

Muchas personas escapaban de las olas de criaturas o las hordas bestias y ni hablar como escapaban de las constantes guerras entre señores de la guerra y sus sucios tratos.

Y no tuvieron que pasar mucho tiempo cuando lo encontraron.

Un grupo de refugiados de unas cincuenta personas estaban afuera de sus carpas arrodillados ante un grupo de milicianos.

Los cadáveres de los hombres estaban extendidos por el suelo y frente a ellos solo se encontraba un hombre todavía en pie queriendo dar batalla.

Tenía heridas por todo su cuerpo que todavía sangraban, pero sus músculos revelaban sus venas dejando a la vista su ira y rencor.

Sus ojos eran como llamas mientras que su aura de combate se retorcía alrededor de él.

Al frente de él estaban los milicianos dando sonrisas burlonas, eran dos Rango A espadachines y varios milicianos de bajo rango incluyendo personas normales con armas viejas.

“Ríndete ante el Gran Kan y únete a nosotros. Si lo haces dejaremos libres a esas personas.” Dijo uno de los Rangos A.

“Al menos que quieras que los matemos a todos y luego te llevemos al Gran Kan para que te haga servir directamente.” Comentó el otro con una sonrisa peligrosa.

Su voz fue alta y eso era para asustar a los refugiados que se estaban arrodillando a la espalda de ese luchador cuya mirada se tambaleó.

Cuando la joven estuvo por tomar su espada, Turay la detuvo.

“Ellos son tropas bajo el ‘Gran Kan’. Un Señor de la Guerra que dice ser descendiente de Gengis Kan… Independiente de si es verdad, es un lunático muy peligroso.” Advirtió Turay con seriedad y apretando su puño ante su impotencia, declaró. “Si los ayudas… Tal vez nos pongan en la mira. Escuche que quiere ser un gran conquistador.”

Si, esto eran ellos.

Las personas normales en estas ‘tierras de nadie’ estaban en la base de la pirámide de clases y ante esos señores de la guerra solo eran basura, tal vez menos.

Lo peor era que había todo tipo de lunáticos entre ellos y los más locos eran quienes siempre subían al poder.

Como ahora.

Un Señor de la Guerra que supuestamente era descendiente de Gengis Kan un gran mongol reconocido en la historia y trataba de replicar no solo sus hazañas, sino que sus acciones.

Lo peor era que al querer ser un conquistador tenía que empezar por un área y ahora Turay se dio cuenta de que deseaba empezar por la zona cercana de Chad, en donde ellos se encontraban.

Pero era normal, después de todo en la zona del oeste en las tierras de antiguos países como ‘Mali’ se encontraban bastantes señores de la guerra enfrentándose entre ellos.

Enfrentarse a tal lunático… Podía ser un problema.

La joven dudó y luego dirigió su mirada hacia el luchador que estaba herido, pero todavía estaba en pie tratando de cubrir solo con su cuerpo a las personas a su espalda.

Turay pudo ver dolor en esa mirada, pero a diferencia de lo que estaba sintiendo no había miedo.

No era la ignorancia de una niña que no sabía el panorama general, solo era alguien que tal vez había visto más peligro de lo que se esperaría de una niña de su edad.

Turay solo se maldijo a sí mismo por tener que obligar a una niña ante esa encrucijada entre sus valores y el panorama general.

¿Qué haría él en este momento?

¿Qué podía hacer un marinero de un barco que lentamente se estaba hundiendo?

Si, como un marinero él se lanzaría al mar para tratar de salvar a otros a pesar de que el costo podía ser su vida.

“Ugh…” Los dos espadachines cortaron el cuerpo del luchador debilitado y la mirada de la joven se llenó de frialdad cuando vio que un corte llego cerca de un refugiado.

Ella tomo el mango de su espada y su mano tembló mientras su mirada se volvía fría, pero antes de que pudiera tomarla, su sombra se elevó y dejo ver a una joven.

Turay había visto esa joven que se había ocultado en su sombra.

Ambas tenían la misma edad y el mismo color de cabello, pero a diferencia de Aurora que era delgada y parecía débil con una ligera palidez como si no pudiera dormir de noche, la otra joven llevaba una mirada fría e indiferente, pero que ahora estaba teñida de preocupación.

“Yo me encargaré…” Dijo la joven poniendo su mano en el mango de la espada para detenerla.

“Alice…” Murmuro Aurora, pero la joven llamada Alice agito la cabeza.

“Quiero ayudarte… Como tu amiga, quiero ayudarte y si no quieres que lleve las cargas por ti, al menos déjame compartirla.” Respondió la joven llamada Alice.

Tal como Turay pensaban ambas eran diferente.

Aurora tomaba responsabilidades y ‘cargas’ sin que nadie se lo pidiera y lo llevaba por su cuenta de forma independiente.

Trato de hacer todo sola sin pedir ayuda.

Y luego estaba ella, Alice que ante sus ojos solo había muy pocas cosas valiosas y como cualquiera deseaba protegerlo.

Incluso si eso significaba que tuviera que llevar completamente las cargas de sus seres queridos que, para ella, tal vez no sean para nada pesada.

Aun así, eran diferente.

Aurora no necesitaba que alguien llevara sus ‘cargas’ y sus ‘responsabilidades’, solo necesito una compañera… Una amiga.

La joven bajo la mano, pero no oculto su ira y su intención asesina al ver lo que esos milicianos estaban haciendo.

Tratando de rodear al luchador, los milicianos apuntaron con sus armas a las personas que estaban a su espalda mientras otros llevaban sonrisas maliciosas.

Seguramente pensando que es lo que podían hacerles a mujeres y jovencitas indefensas.

“Te lo dejaré a ti…” Respondió Aurora con un tono plano.

Eso fue suficiente para la joven y los ojos de Turay se abrieron de forma enorme al ver que desde la espalda de esa joven llamada Alice salieron brazos.

Sin que sus ojos pudieran captar sus movimientos, los brazos negros empujaron su cuerpo y ella salto al grupo de miliciano.

“Qug… Ughh…”

A una enorme velocidad, un brazo negro atravesó el estómago de un Rango A y cuando el otro trato de elevar su espada, otro brazo negro en forma de cuchilla corto su cuello.

Cayendo en medio con una expresión indiferente desde su espalda decenas de lanzas negras salieron atravesando a todos los milicianos empalándolos contra el suelo o los árboles.

Todo mientras ella miraba las acciones de sus brazos con total indiferencia ante la vida… Como si estuviera haciendo un simple recado.

Ambas no eran normales en múltiples maneras.

Turay lo sabía, pero no le importo y acercándose a su lado paso por los cadáveres de milicianos y refugiados acercándose al grupo que estaba temeroso.

No era fuerte, solo era un marinero en un barco a la deriva tratando de cubrir sus huecos.

Sin embargo, algo podía hacer entre tantas cosas y eso era…

“Tranquilos, todo estarán bien. Ya ha llegado la ayuda.” Dijo Turay con una sonrisa que trataba de calmar el miedo y el temor.

Lo único que podía hacer era ponerse al frente para hablar, tratando de ayudar a esas dos jovencitas que ya cargaban con demasiado peso en sus espaldas.

***Nota del autor:

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