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CoS – Capítulo 0.1

Capítulo 0.1 Prólogo

 

Primavera. Siempre había sido una estación que traía euforia entre las numerosas razas, trascendiendo a todos los continentes y planos de existencia.

Por supuesto, incluso hubo excepciones. El mundo tenía miles de planos, grandes formaciones continentales y legiones de razas compuestas por miles y miles de millones de seres vivos. Pequeños pueden considerarse cada uno de ellos, pero en total exceden con creces lo que se presume.

El mundo era extremadamente complicado, tanto que ni siquiera los dioses podían entenderlo todo. La vida y la muerte estaban siempre entrelazadas, la energía de las estrellas atrapadas en un incesante ciclo de creación y destrucción. Los cielos también eran intrincados, una cortina de brillantes estrellas adornaba el ilimitado cielo nocturno, ignorando las contemplaciones de aquellos que le observaban. Para algunos representaban esperanza y para otros aniquilación. Unos pocos veían en ellos la serenidad trascendente de los tiempos antiguos, mientras que otros veían el movimiento natural de las leyes que rigen el mundo.

Para la mayoría de la gente, las estrellas eran emblemas de los dioses. Para algunos sabios, representaban planos, continentes e infinidad de mundos variados. Eran infinitos, su destrucción sólo prevista por unos pocos. Caerían eventualmente, sin ser vistos por la mayoría de los seres que sucumbieron con ellos, sin tener en cuenta su propia mortalidad hasta que la muerte llegara a sus puertas.

La primavera también era común, presente en cualquier plano aleatorio de existencia. Sin embargo, este plano específico sólo existían dos estaciones: en primavera, todas las cosas se tornaban vibrantes a medida que la naturaleza volvía a la vida, y en otoño donde el silencio mortal envolvía al mundo mientras entraban en hibernación. Las leyes del plano de la materia prima dictaban las estaciones, teniendo un ciclo cada doce años.

Tres soles se apreciaban en lo alto del cielo, con enormes estrellas blancas cubriendo el horizonte. El resplandor de los soles y las estrellas  se entremezclaban, fortaleciéndose tanto que las estrellas podían verse claramente incluso durante el día, al igual que el anillo de coloridas luces, más allá de eso era la fuente de innumerables leyendas en todo el mundo.

Existía más de un continente en este plano formado principalmente por el océano, el portador de la vida. Una sexta parte del mundo era tierra, y a perspectiva de un ave el planeta irradiaba un brillante resplandor violeta que resultaba magnífico y enigmático. Seis lunas la circundaban, al menos tres visibles cada noche despejada. Todas brillaban en diferentes colores, siendo el fundamento de la magia en la civilización.

Montañas, ríos, lagos y bosques colman de colores vibrantes su propio continente. Sin embargo, el violeta seguía siendo la clave, el más grande e importante de todos. Las majestuosas cordilleras montañosas abarcaban un mínimo de 10.000 kilómetros, con cumbres superiores a los 10.000 metros de altura. Ciudades de varios tamaños salpicaban el continente como estrellas.

La más magnifica de ellas se elevaba sobre los picos más altos a 20.000 metros de altura y estando afilada como una espada. Llena de rascacielos en espiral, resplandecía con un brillo metálico. La espesa violeta del mundo se asomaba a su alrededor, creciendo brillante y apagada como si estuviera con vida.

En el centro de esta gran ciudad había una torre de 3.000 metros de altura, que emitía una luz violeta de su extremo violeta que formaba una espléndida franja a su alrededor. Encima de esta torre había un ser majestuoso, un hombre bien musculoso por encima de la cintura con articulaciones invertidas en las piernas que llevaban a enormes pezuñas. Su piel azul no manchaba su dignidad, decenas de tentáculos ondeando a lo largo de su mejilla y barbilla con vida propia. Estaba vestido con una extraña armadura de brillo metálico, algunas partes de ella como las hombreras se encontraban realmente adheridas en su cuerpo.

El hombre era viejo, el tiempo había dejado marcas profundas en su piel. Numerosas runas flotaban alrededor de la habitación en la que estaba, aparentemente se movían de forma irregular al principio, pero seguían la órbita de las estrellas si uno observaba de cerca. El muro de diez metros de altura que tenía ante él era totalmente transparente, dando una vista panorámica del mundo exterior y de la milagrosa ciudad situada en lo alto de la cumbre de la montaña. Desde su posición podía ver el arco que formaba el horizonte, y si uno entrecerraba los ojos lo suficientemente fuerte, sentirías como si estuvieras mirando al mundo entero.

El salón bautizado como Pasillo de las Miradas era un lugar donde todos los seres del plano soñaban con estar, su espiral perforaba el cielo, era una tierra santa para todo el continente: El Templo del Crepúsculo. Una luz destellaba en el vestíbulo para revelar a un joven bien corpulento, avanzando con pasos gigantescos mientras sus pezuñas causaban chispas con el suelo de metal. El salón vibraba con cada gran paso que daba, su enorme fuerza no controlada incluso por sus músculos, se mostraba con cada paso mientras las furiosas tormentas oscuras no lograban manchar su perfecta armadura.

El joven corrió hacia el anciano, arrodillándose y diciendo: “¡Chamán! Mis hombres no podrán aguantar mucho tiempo, ¡por favor apóyenos lo antes posible!”

El anciano no contestó, sin hacer nada, inclusive los tentáculos de su cara parecían caerse. Seguía mirando al mundo exterior a través de la pared, como si nada pudiera distraerlo de aquella vista. En la actualidad era el crepúsculo, el momento más hermoso del mundo donde el ruido y el clamor del día dieron paso a la tenue puesta de sol violeta. Cuando dos soles poniéndose y tres lunas nacientes compartían el cielo; el horizonte era un espectro de color que transciende lo que se podía contemplar, trayendo numerosas leyendas a la vida. Fue lo que dio nombre al Templo del Crepúsculo.

Y sin embargo, esta vez el crepúsculo parecía representar el día del juicio final. Esferas de luz parpadeaban por toda la cordillera, mientras pilares de fuego dispersaban una espesa niebla que cubría los cielos, la cual se extendía tan lejos como se podía ver a simple vista. Numerosos puntos negros en el cielo volaban a través de las montañas, persiguiéndose, golpeándose unos a otros. A veces, algunas de estas figuras caen al suelo mientras se prenden fuego. El salón estaba temblando, la barrera mágica era capaz de bloquear los ruidos, pero no la vibración.

Un sol rojo de repente ocupaba la mitad del cielo, las numerosas y extensas sombras surcaban el cielo con facilidad como si estuvieran sobre un suelo plano. Desde la distancia parecían como si nada, pero de cerca uno notaría que estas criaturas eran tan inmensas como las ciudades, con aletas enormes que parecían velas enlazadas a sus cuerpos. Eran como las gigantescas y antiguas bestias oceánicas que se rumorean en el folclore, y su tamaño era simplemente inconcebible.

Estas bestias sacudieron sus cuerpos expulsando sábanas de fuego que cubrían ciudades enteras. Esto no era ni una flama mágica, ni fuego divino, irradiando casi ningún calor era capaz de quemar cualquier cosa. Eran casi imposibles de apagar, arrasaban ciudad tras ciudad con la melodía de gritos lúgubres y miserables. Este fuego podía convertir objetos inanimados en cenizas, pero las criaturas vivientes ardían durante mucho tiempo, ocasionándoles una muerte lenta y dolorosa llena de angustia.

Otro grupo de nubes rojas apareció en el cielo, solo significando la aparición de otra antigua bestia. Las sombras surgieron de la montaña y se dirigieron hacia ella, tanto los jóvenes como el anciano sabían que los valientes luchadores de su clan estaban dando sus vidas en esta lucha contra el enemigo nunca antes visto. Sus ataques fueron valientes y feroces, pero en últimas instancias ineficaces; muchos ya ardían por los fuegos antes de que se acercaran y caían del cielo.

Llamas, seguidas por picos de hielo y rayos fueron lanzadas desde el suelo. Las personas que podían atacar a inmensas distancias eran seres muy conocidos en el continente, y aunque los hechizos parecían pequeños tenían la fuerza para aplanar toda una cordillera. Los hechizos parecían simples desde lejos, pero con nombres como Azure Roar, Void Smite, Blazing Binds, Dragon Breath y Sundering Slash, cada uno de ellos era increíblemente poderoso.

Sin embargo, incluso semejante poder era inútil contra estas bestias, simplemente se ondulaban como las nubes  sobre sus cuerpos sin hacer ningún daño.

El joven todavía estaba arrodillado en el suelo, pero levantó la cabeza para observar el silencioso apocalipsis que sucedía afuera. Él mismo sintió el poder de este enemigo, habiendo estado entre los valientes guerreros que surcaban el cielo hace unos momentos. Únicamente sobrevivió gracias a su extraordinaria fuerza, viniendo al Pasillo de las Miradas en vez de continuar. No carecía de valor para luchar hasta la muerte, pero tenía una mayor responsabilidad que debía cumplir.

Cuando volvió a hablar una vez más, su tono llevaba un leve rastro de desesperación: “Shaman, sólo los luchadores más fuertes pueden hacer daño a estas criaturas, incluso los hechizos de nuestros legendarios magos y oficiales divinos son inútiles. Ni siquiera la fuerza de los dioses ayuda, nuestros ataques son como picaduras de hormigas. ¡Los dioses nos han abandonado!”

“No te preocupes, todavía tenemos a la bestia divina,” dijo el chamán lentamente.

“Pero,” El joven muchacho se detuvo a mitad de oración, volviendo a mirar el armagedón una vez más. La tierra se estremeció cuando un dragón plateado se levantó de una lejana cordillera, una grácil bestia que iluminó las montañas cercanas con su resplandor. Esta encantadora criatura era una bestia divina en su máxima forma, la guardiana de este plano; era el Dragón Escarcha, SERA.

El rugido del dragón que había rechazado incontables invasiones en la historia irrumpió incluso en el aislado Pasillo de las Miradas; mientras volaba hacia la retaguardia del enemigo, atacando con sus garras, sus cuernos y su Aliento de Dragón. Incluso SERA parecía diminuta al lado de los gigantes en el cielo, pero era la primera vez que un enemigo resultaba herido desde el comienzo de la batalla. La primera víctima enemiga del apocalipsis cayó al suelo en medio de un mar de aclamaciones de todas partes del continente.

“Pero solamente tenemos un SERA .” Dijo el joven, tan seguro de que podría ser considerado una blasfemia. El chamán sólo suspiró; este joven era el más talentoso de la última década, su fuerza se encontraba  en la cima legendaria. Era el único que había logrado sobrevivir a una pelea con estos enemigos apocalípticos, así que su juicio no estaría equivocado.

Las arrugas en el cuerpo del chamán se acentuaron, como si hubiera envejecido décadas en un instante. Sacudió la cabeza y suspiró pesadamente, haciendo que unos cuantos tentáculos cayeran y se convirtieran en cenizas antes de alcanzar el suelo.

Un pilar gris de luz emergía en el horizonte, conectando la tierra con el cielo donde SERA había destruido a su oponente. El Dragón Escarcha estaba atrapado en el poste de la luz, luchando por salir de su enganche, pero ella aullaba de dolor mientras sus alas eran destruidas rápidamente y su cuerpo se desintegraba en cenizas. Todo lo que quedaba de este magnífico ser, era arena plateada.

“¡Vamos, chamán, todavía nos queda tiempo. Puedo abrir un pasaje a otro plano con mi fuerza; mientras tú sigas vivo, la leyenda del Templo del Crepúsculo seguirá viva!” Incluso ahora el joven tenía determinación en su voz. No mencionó que abrir un portal a otro plano requeriría su vida, su alma misma. Sabía que era la última esperanza de este mundo.

Un libro de bronce apareció repentinamente en la mano del chamán, de aspecto pesado y antiguo. Llenó el salón de un aura arcaica, sosteniendo la historia del plano durante los últimos miles de millones de años.

“¡El Libro de la Eternidad!” Los ojos del muchacho se iluminaron de esperanza. Casi había olvidado que el chamán todavía tenía un arma divina a mano.

El chamán mantuvo la compostura mientras abría el libro. Una imagen apareció en la primera página, la escena de Sera luchando dentro de ese pilar gris de luz. Incluso en un pergamino pálido y amarillo, la imagen hacía temblar los corazones de aquellos que miraban, como si representara una indescriptible desesperación.

El joven muchacho conocía las propiedades del Libro de la Eternidad. Solo miró a la imagen antes de centrar su atención en la mano del chamán, esperando que pronto pasara a la siguiente página. Y así lo hizo el chamán. La página volteó silenciosamente, revelando lo que había detrás de ella.

Pero no hubo nuevos capítulos después de la caída del guardián.

El joven observó atónito el libro y su mente quedó en blanco.

Los precursores del apocalipsis fuera del salón ardían en llamas, haciendo aparecer más pilares de luz que incendiaban todo el plano.

Así fue como la Sexta Era había llegado a su fin.

Ese era el fin.

Primavera. Siempre había sido una estación que traía euforia entre las numerosas razas, trascendiendo a todos los continentes y planos de existencia. Esto era aún más cierto para el continente de Norland, una hermosa, increíblemente fértil e increíblemente extensa tierra llena de misterio.

El Bosque Noche Eterna era una preciosa joya ubicada en la estructura de Norland. No era el más grande, ni el más maravilloso del continente; pero seguía siendo más importante de lo que parecía debido a que circulaban rumores de que escondía múltiples planos y el Reino de los Elfos de la Luna Plateada. Sin embargo, los rumores eran murmuraciones, y los propios elfos eran la única raza que había entrado en el plano de conocimiento público. Los humanos o cualquier otro ser que había estado adentro era extremadamente discreto al respecto.

Una caravana con decenas de carruajes y más de veinte guardias se desplazaban por las tierras no muy lejos del Bosque Noche Eterna. El ritmo pausado era algo extraño para los comerciantes, que vivían con el lema de que el tiempo es dinero.

La caravana no era muy grande, ni sus mercancías eran particularmente pesadas. El guardia parecía demasiado extravagante  para esa labor, el grupo estaba compuesto por jóvenes en la cúspide de su entrenamiento, vestidos de armaduras refinadas, con armas estupendas y monturas de calidad superior para sus caballos. Era la muestra de que no se podía jugar con ellos, los que no tenían buen equipo eran buenos luchadores.

El dueño de los guardias no parecía ahorrativo, equipando a estos jóvenes con tan buenos implementos. Esto significaba algo, ya que el dinero y el poder estaban entrelazados en Norland. Aquellos con experiencia sabían que esta caravana tenía bienes del Bosque Noche Eterna, la carne y el pelaje de bestias demoníacas, diversos materiales y maderas raras del lugar.

El símbolo de una rama sobre el carruaje era una marca de aristocracia, y los eruditos que estudiaban los signos de varias casas reconocían las tres codornices en el centro. La familia que dirigía esta caravana tenía por lo menos 400 años de historia, bastante antigua, y había recibido mérito en guerras pasadas. No fue muy influyente, pero tampoco declinó.

El equipamiento en sí mismo podría compensar la incompetencia de los guardias, haciendo que los bandidos que les miraban pensaran de nuevo en sí mismos. El beneficio de esta batalla no compensaría el derramamiento de sangre, y la lógica dictaba que las brillantes armaduras influían en su decisión más que la habilidad real de los guardias. La caravana aún no había conocido a ningún bandido en sus viajes.


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