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CoS – Capítulo 220

Libro 2 – Capítulo 103. Masacre (2)

El Oasis Crepuscular tenía cerca de diez mil residentes, y los caballeros de la guardia oso estaban exhaustos para cuando la resistencia fue derribada en su totalidad. La manticora rugió desde el centro de la ciudad, un llamado para reunir a todas las tropas de Sinclair. Todos los caballeros abandonaron cualquier presa muerta o moribunda, dirigiéndose hacia el lugar.

Al mismo tiempo, la voz de un mago, amplificada por la magia, se extendió por toda la ciudad, “¡Todos, bajen las armas! ¡Cualquiera que sea encontrado portando armas será asesinado en el acto!”

Sin embargo, las palabras del mago no sirvieron de nada. Aquellos que no se sometieron ya estaban muertos o escaparon.

Los caballeros de la guardia oso se dispersaron una vez más, yendo de casa en casa para perseguir a todos y hacer que toda la ciudad se reuniera en la plaza. Todos los que veían la enorme manticora temblaban incontrolablemente; esta criatura era tres veces más grande que un lagarto trueno, la bestia más grande de las Tierras Ensangrentadas. Una de las damas comenzó a gritar incontrolablemente, e inmediatamente fue sacada del grupo y ejecutada de inmediato.

Sinclair estaba de pie sobre la cabeza de la manticora, sonriendo inocentemente sin un rastro de culpa en su rostro. Sus labios eran de un rojo oscuro deslumbrante, el mismo carmesí que la sangre. Recorrió toda la plaza con su mirada, haciendo que todos temblaran de miedo. Sentían como si ella los mirara directamente.

“Mi nombre es Sinclair, y desde hoy seré vuestra ama. Tanto su vida como su muerte estarán en mis manos. Me encanta la paz, la obediencia y las cosas bonitas. Complacedme y podréis vivir, atreveros a resistirse en lo más mínimo…”

Agitó su mano perezosamente, y un hombre de mediana edad de aspecto ordinario salió volando de entre la multitud. Su silueta se desvaneció desde lo alto de la manticora, apareciendo repentinamente detrás del hombre. Después de un rápido destello de su cuchillo, estaba de vuelta en la cabeza de la manticora.

Ahora la sangre espesa y viscosa manchaba sus dagas, una de las cuales era más larga que la otra. Parecían tener vida propia, la sangre rodando por el filo de la espada. Ni una sola gota cayó, incluso después de mucho tiempo.

“… Y este será el resultado”. Ella miró sus manos, y tras un rápido movimiento, la sangre fresca voló para dejar hojas negras. Lanzó una mirada de asco al hombre de mediana edad y le dijo, “¿Sólo un pedazo de basura de nivel 13, y te atreves a jugar conmigo?”

El hombre de mediana edad cayó al suelo, incapaz de levantarse por un tiempo. Le costó mucho sostener la parte superior de su cuerpo, señalando con un dedo tembloroso a Sinclair, pero sin importar cuánto lo intentara, ni una sola sílaba salió de su boca. Una línea roja apareció repentinamente en su rostro, su cuerpo se desmoronó en cuatro pedazos mientras la sangre y los órganos caían al suelo.

Algunas personas seguían agitadas hasta entonces, pero ante la perspectiva de la muerte se taparon la boca para amortiguar el llanto. La mirada de Sinclair pasó por encima de ellos, pero no tomó ninguna otra medida. Sólo los dos magos sabían que esto no se trataba de misericordia, sino de pereza. Ya era hora de que disfrutara y se entretuviera.

“¡Tú, tú, tú… ¡Y tú, vengan aquí!” Sinclair señaló a veinte personas una por una, y sus objetivos no tardaron en salir para formar una línea. Todos temblaban de miedo.

Todos los seleccionados fueron jóvenes y guapos, con igual número de hombres y mujeres. Al ver el pequeño número, los magos supieron que Sinclair se había cansado de la matanza. Aunque ahora quería complacerse, no se pasaría de la raya.

Señaló al azar a un enorme y alto edificio de la zona, haciendo que los caballeros de la guardia oso llevaran a unas cuantas personas a limpiar el salón. Entonces le gritó a la gente que había seleccionado, “¡Desnúdense!”

Los jóvenes dudaron un breve momento. Aunque ninguno de ellos se atrevió a desobedecer a Sinclair, todavía les resultaba difícil desnudarse frente a la gente de toda una ciudad.

En ese mero momento de vacilación, uno de los magos disparó un misil arcano desde la punta de sus dedos, golpeando directamente a una joven que estaba completamente quieta y sacándola de la formación. Los caballeros de la guardia oso a un costado giraron sus martillos gigantes y empezaron a machacar a la joven hasta convertirla en una pulpa. Era como si una fruta estuviera siendo aplastada, dejando sangre y carne volando sobre los jóvenes en la línea. Esto instantáneamente causó que empezaran a gritar.

“¡Cállense!” Las palabras del mago silenciaron a la mayoría de los hombres y mujeres, pero dos de las jóvenes no pudieron contenerse. Como tal, también fueron sacadas de la línea, siendo degolladas.

“Nuestra señora no tiene paciencia y no le gusta el ruido. Todo lo que tienen que hacer es escuchar claramente cada orden, y hacer exactamente lo que se les diga. ¡Ahora, desnúdense! ¡Si todavía no lo hacen, escogeremos un nuevo lote!” La voz del mago fue tan fría como el viento del norte. Si se escogiera un nuevo lote, el resto de este grupo compartiría el mismo destino que las tres jóvenes.

La plaza se quedó inmediatamente en silencio. No hubo más resistencia, ni protestas, ni intentos de escapar.

Sinclair luego escogió a tres jóvenes más para compensar el déficit, y esta vez los jóvenes se desnudaron tan rápido como pudieron. Entonces esperaron su destino, temblando todo el tiempo.

El salón había sido limpiado para ese momento. Sinclair llevó a todos sus juguetes desnudos adentro, comenzando a reírse maliciosamente. También se quitó toda la ropa, dejando la pequeña armadura negra que tenía en las calles mientras entraba en el gran salón.

Miró a su alrededor antes de señalar con el dedo a un joven apuesto, “¡Tú! ven aquí y muéstrame todas tus habilidades. Asegúrate de que lo disfrute… ¡No me juegues trucos, hazlo ahora!”

De repente, la mente del joven se desvaneció ante la reprimenda de ella, y en su estado de pánico extremo su hombría se marchitó naturalmente. Sinclair se enfureció inmediatamente; le pegó con la mano en el pecho, aplastando su corazón de un solo golpe. Su cuerpo salió volando con un movimiento de su mano, aterrizando en el centro de la plaza de la ciudad. Desde la puerta se oía el fuerte rugido de ella, “¡Pedazo de basura inútil!”

Luego agarró a una joven débil, dándole sin piedad dos palmadas en la oreja que le hicieron sangrar por la boca y la nariz. Luego la tiró al suelo y se puso encima de ella. Un joven tembloroso se acercó ante su instrucción, presionándola por detrás. En un abrir y cerrar de ojos, el interior del salón se había convertido en un mundo de libertinaje que apestaba a sangre.

Sólo entonces se permitió que la gente reunida en la plaza se dispersara. Dos magos comenzaron a patrullar las regiones donde se habían producido enfrentamientos violentos, haciendo un balance de la situación.

Incluso con el santo aniquilado por Sinclair, el Oasis Crepuscular contaba con más de mil guerreros, entre los que no faltaban los de alto nivel. Como tal, la batalla fue bastante dura. Cinco de sus miembros murieron en batalla.

Descubrieron a otro caballero en un rincón de la ciudad, incapaz de levantarse. Dos largas lanzas y una espada a dos manos estaban clavadas en su cuerpo, y un aterrador agujero en su espalda reveló algunas de sus entrañas.

El mago que lo encontró inspeccionó sus heridas, eventualmente sacudiendo su cabeza. Así, otro caballero de la guardia oso se acercó y usó una daga para degollar al caballero herido, poniendo fin a su sufrimiento.

Ahora, sólo quedaban 64 caballeros de la guardia oso.

El mago suspiró. La parte más cruel cuando uno estaba estableciendo un punto de apoyo en un plano extranjero era en el comienzo. Sin los canales de comunicación adecuados y la magia de un sacerdote, cada metro de tierra sólo podría ser adquirido a través de un sacrificio de vidas y oro.

Si todavía estuvieran en Norland, la vida del caballero podría haberse salvado. Sin embargo, todo lo que podían hacer en este plano era verlo morir.

Un sacerdote preferiría morir antes de curar a un seguidor de otra religión, mucho menos a un intruso planar. Todo dios verdadero prometía esto a sus seguidores; si uno moría a manos de un intruso, se ganaría el derecho de entrar en el reino divino del dios. A su alma se le concedería la vida eterna, sin importar los pecados pasados y la fe.

Lo que estos adoradores no se dieron cuenta fue que morir en manos de Sinclair no liberaría sus almas. No, sólo se convertían en comida para su manticora.


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