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Hiroshi Sekkatsu - Capítulo 3

Regresamos a casa.

Mamá se encontraba muy preocupada de que aún hubiese ladrones libres por ahí. Caminamos muy rápido a casa y ella se percataba a cada segundo de que no hubiese nadie siguiéndonos.

Cuando llegamos a casa, papá estaba en el patio delantero practicando con su espada. Mamá corrió a él y se echó a llorar en su pecho. Papá trató de tranquilizarla, pero era imposible; él la guió hacía la sala para que le explicase qué había sucedido.

Luego de escuchar la historia, los ojos de papá se inflaron enormemente. Me miró y yo lo miré a él. Luego, de que mamá se tranquilizase y fuera llevada a su habitación; papá me preguntó que había pasado.

Por mi parte, le conté el miedo que sentí al ver al ladrón frente a mí; pero que gracias a un caballero pude salir con vida e intacto. Le conté los actos del grupo de caballeros y de su fantástica actuación frente al grupo de ladrones.

Mi padre quedó mucho más sorprendido con la historia que le había contado. Aunque de algún modo, parecía feliz de que haya visto todo eso.

- "Y, dime Hiroshi, ¿te gustó algo de lo que viste en esa demostración?"

- "¡Claro que sí! La forma en la que los caballeros se movían ordenadamente y el movimiento de sus espadas, era increíble."

En mi rostro se ilustraba una enorme sonrisa de emoción al hablar del tema. Mi padre frotó su mano en mi cabeza mientras sonreía.

- "Pues, bien. Quiero que vengas conmigo al patio. Veamos si tienes material para ser un espadachín."

En mi rostro, se vio la emoción encarnada. No podía estar más emocionado. Salí corriendo al patio junto con mi padre, él agarró una espada de madera que tenía guardada y me la entregó.

- "Bien, quiero que golpees a ese árbol. Dale con toda tu fuerza, ¿de acuerdo?"

- "Okay."

Agarré la espada con una mano y corrí en dirección al árbol. Golpeé el tronco del árbol y la espada se sacudió un poco llevando esa sacudida hasta mi brazo. Volteé a ver a mi padre, él estaba mirándome fijamente con una ceja levantada, como si hubiese hecho algo mal.

No entendía realmente qué debía hacer. Golpeé el árbol justo como él me dijo.

Seguí golpeando el árbol con lleno de impotencia. Sentía como la ira iba llenando mi cuerpo. Hasta que mi padre me detuvo.

- "Muy bien, Hiroshi. Quiero que de me digas, ¿qué aprendiste de todo esto?"

- "¿Aprender?"

- "Exactamente. Es algo que deberás de aprender tú sólo, una lección que nadie en este mundo puede darte la respuesta."

- "N-no lo entiendo. ¿Qué quieres decir con eso, padre?"

- "Como ya te dije antes, nadie puede darte esa respuesta. Pero hay algo que puedo decirte; el arte de la espada, no es sólo mover tu arma como un palo cualquiera. Piensa en tu arma como una extensión larga de tu cuerpo, algo que puede lastimar y proteger al mismo tiempo. ESO hace a un espadachín. El enorme conocimiento y responsabilidad que se pone en nuestras espaldas y que debemos de cargar con ello."

Mi padre sonrío todo el tiempo que decía esas palabras.

["El conocimiento y responsabilidad que se pone en nuestras espaldas..."] Una frase que lograría recordar toda mi vida, incluso en el día de mi muerte.

Al escuchar a mi padre decir esas palabras, mis ojos se llenaron de emoción nuevamente. Mi padre con una sonrisa amigable, me devolvió la espada de madera; y yo volví a golpear el tronco del árbol pensando en diferentes situaciones en las que podría estar usando esa extensión de mi cuerpo.

Los días pasaban. Mi padre y yo entrenábamos diariamente, tanto en la espada como en mi físico. Corríamos alrededor del sector noreste. Luego, entrenábamos con la espada de madera, tanto en mis golpes como en una batalla entre mi padre y yo.

Mi madre, sin embargo, estaba sumamente preocupada por mi salud física. Ella decía, que entrenar de esa manera a mi edad era demasiado peligroso; pero a mi padre no escuchó sus palabras y seguíamos entrenando a diario.

Un día, mi madre salió temprano de casa, acompañada por Arisha, la criada. Quise acompañarla, pero me dijo que me quedara con mi padre, pese a que en su mirada al decir eso  no parecía muy convincente.

Mi padre y yo entrenamos por unas horas, almorzamos y estuve preparado para seguir con el entrenamiento. Pero, mi padre tenía otros planes.

- "Hiroshi, luego de almorzar, iremos a la Zona Comercial juntos."

- "¡¿En serio?"

En mi cabeza, me imaginaba una situación que mi padre habría preparado donde yo pelearía con sus compañeros de aventura. Caminamos por el reino, en nuestro camino a la Zona Comercial. Mi padre no me decía nuestro destino, pese a la enorme cantidad de veces que le pregunté al respecto; su única respuesta era: "Es un secreto" o "Pronto lo sabrás. Sé paciente"

Era un niño impaciente, he de admitirlo. Mientras caminábamos nos topamos con varios soldados reales; mi emoción por acercarme a ellos era inimaginable. Corrí en su dirección, su armadura plateada reluciendo gracias al resplandor del sol, me fascinaba. No tenía palabras para describir mis sentimientos en ese entonces.

A diferencia de mi padre, quién llevaba una coraza negra unos guantes y unas botas; y sin mencionar su "capa" hecha con piel de un monstruo que derrotó hace unos años. Los soldados reales, llevaban una capa azul junto con una armadura plateada de cuerpo completo, los cascos que llevaban no lograba que vieras sus rostros.

- "Mis disculpas, señor. Mi hijo está... muy emocionado por los guardias reales."

- "No hay porqué disculparse, señor...?"

- "Sekkatsu. Mark Sekkatsu."

Mi padre se inclinó poniendo su mano estirada en su frente. El caballero estuvo a punto de devolver el saludo, hasta que su actitud cambió por completo.

- "Ugh. Aléjese de mi vista, traidor."

Mi padre, levantó su vista con un semblante serio y molesto. Me agarró de la mano y me alejó del guardia.

- "¿P-papá? ¿Q-qué pasó? ¿Por qué ese guardia te llamó traidor?"

- "N-no es nada, hijo. Son... asuntos que nunca atendí en su momento."

Luego de eso, nuestra caminata se volvió silenciosa. Al llegar a la Zona Comercial, las vistas de todos se concentraban en nosotros. Murmullos por aquí y por allá, mi padre aceleró el paso un poco cabizbajo y enojado.

Llegamos a una tienda. Mi padre entró rápidamente y cerró la puerta detrás suyo. Suspiró fuertemente, finalmente logró relajarse. Volteó, me miró y me dirigió una sonrisa; me tomó de la mano y me guió hacía el interior de la tienda.

- "Oh! Señor Sekkatsu, es bueno verle de nuevo. ¿Qué le puedo ofrecer hoy? ¿Una nueva coraza? ¿Unas botas encantadas? ¿O tal vez quiera algo más personalizado?"

Un hombre de baja estatura, con una barba muy pronunciada con unas trenzas; salió a recibirnos.

- "Es un gusto volver a verte, Egil. A decir verdad, quería que le prepararas algo para mi hijo."

- "¡¿Su hijo?! Santísima madre de la creación. No puedo creer que el joven Sekkatsu haya crecido tanto."

- "¡JAJAJAJA! Tranquilo, Egil. Sólo quiero adelantarme a su futuro y otorgarle una buena espada."

- "Oh, Señor Sekkatsu. Siempre sorprendiéndome. Venga, venga. Déjeme mostrarle nuestros productos."

El pequeño hombre, nos llevó a la parte trasera de la tienda. Varias estanterías se mostraban ante nosotros, llenas de diferentes armas. Había hachas, espadas, dagas, cuchillos y demás cosas que, en su momento, no pude reconocer.

Mi padre hablaba con Egil sobre varias cosas. Yo me dediqué a caminar y observar las armas que estaban disponibles en las estanterías. De todas las armas, solo un par me atrajo la atención, unas hermosas dagas de filo rosa, con un aspecto muy peculiar, con la empuñadura completamente negra. Estuve contemplándolas por un buen tiempo, hasta que mi padre me llamó.

- "Mira, hijo. Ésta espada es maravillosa."

- "Me alegra oír sus halagos, señor Sekkatsu."

Miré la espada que mi padre sostenía. Era larga, de un metal puro con diseños en la hoja, una empuñadura de metal enrollada en cuero.

- "¿Y bien? ¿Qué te parece?"

Levanté los hombros. No sabía qué responder.

Mi padre me miró confundido.

- "¿Ya viste algo que te gusta, verdad?"

Asentí y lo guié hacia las dagas que vi antes. Mi padre tomó las dagas, no eran tan largas como la espada, pero su tamaño era ideal y te otorgaba una buena velocidad de movimiento. Empezó a mover las dagas, cortando el aire.

- "Dime, Egil. ¿Qué son éstas cosas?"

- "Uuh, veo que su hijo tiene buen ojo. Esas, señor Sekkatsu, son las dagas de Kyu Shing. Hechas en el mismísimo Continente Demoníaco, con un material que sólo existe en ese mismo lugar.  El diamante Kyu Shing, duro como el metal e incluso más resistente. Aunque... Hay un tema sobre esas dagas; me las han devuelto 20 veces hasta el día de hoy, algunos clientes me han dicho que está maldita..."

Mi padre escuchaba la historia de Egil, yo me dedicaba a ver las dagas deslumbrar. Eran sumamente hermosas.

- "Dime, Hiroshi. ¿Qué ves en éstas dagas?"

- "¿Qué veo?"

Mi padre asintió. No entendía la pregunta del todo, pero conociendo a mi padre esa pregunta tenía un trasfondo. Dudé en mi respuesta por unos segundos.

- "Me veo a mi mismo."

- "Ya veo."

Mi padre sonrió con esa respuesta. Agarró la espada que me había mostrado hace unos instantes, y llevo ambas armas al mostrador.

- "M-mi señor. ¿E-está seguro que quiere llevarse esas?"

- "Por supuesto. Mi hijo será el responsable de ellas, al fin y al cabo."

- "D-de acuerdo... Le daré también una lista de los antiguos dueños. Ellos podrán darle más información sobre esas dagas."

Mi padre pagó por las armas, un par de cinturones y una armadura igual a la suya. Iniciamos nuestro camino a casa, la gente nos veía nuevamente; pero ésta vez mi padre se veía en completa paz.

Al llegar a casa, mi padre me pasó la mano enguantada por la cabeza mientras me sonreía.

- "Oh, ya han llegado."

Mi madre también había regresado de su pequeña salida. Estaba sentada en la sala, mientras tomaba un poco de té. Desde las escaleras, aparecía una pequeña pantalla de humo.

- "¡DAMAS Y CABALLEROS! ¡NIÑOS Y NIÑAS! ¡AQUÍ, SE PRESENTA LA GRAN Y MARAVILLOSA... NITORI MOONLAGGER!"

Mi tía Nitori apareció dando un pequeño salto.

- "Oh no..."

La poca paz que mi padre sostenía era perceptible, y acababa de perderla.

Nota del autor: Debido a varios factores de mi vida cotidiana, deberé de retrasar un poco los capítulos. Lo máximo que podría tardar en escribir un capítulo podría ser una semana más a lo habitual, es decir hasta 3 semanas. No pienso dejar de escribir o publicar capítulos, es sólo que voy a andar más ocupado de lo habitual; sin embargo, voy a tratar siempre de mantener mi margen de 2 semanas si me es posible. Al momento de publicar éste capítulo ya estoy trabajando en la narrativa del siguiente.

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