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MNU Volumen 6 – Capítulo 22

MNU Volumen 6 – Capítulo 22
Capítulo 22. La era de Victoria Black: Los Evans, los Terrel y los Crowbar III.
Resulta que el olor que antes había percibido Cramer, era de un líquido inflamable que vertieron por los canales, para sacar a los traidores con fuego. Hamer que andaba buscando a su hermano traidor, prendió fuego al agua para que su hermano muriera.
Cramer alcanzó a proteger a Gisel colocando su cuerpo como escudo. Pero el fuego había quemado una parte de su rostro. Dejando una cicatriz en parte de su ojo izquierdo y llegando a su frente.
Cramer no corrió con la misma suerte. Perdió su pierna izquierda y su brazo derecho con la explosión. Sin contar que le desfiguro parte de su rostro. Al siguiente día encontraron el cuerpo de Cramer aún con vida. Pero sin sus partes y con una daga clavada en su abdomen. Su hermano Hamer le hablaba con una sonrisa esbozada, mientras podía recobrar conciencia:
— Que te dijimos hermanito… que te iba a matar tanta bondad con los manchados.
Hamer hace una señal a sus hombres para que llevaran el cuerpo de su hermano a la clínica privada de su familia.
— ¿Donde… es-ta, Gi-sel?— Preguntó Cramer entre líneas.
— Quien sabe, solo estabas tú a las afueras de la ciudad. Puede ser que la corriente la haya llevado colina abajo. Si está viva, ya habrá huido muy lejos de ti.
Cramer cae inconsciente otra vez.
Al volver en sí, grita por el dolor de las quemaduras y por la herida en su abdomen. Una mujer, entra y le hace beber a las malas una sustancia con extracto de Krokiva.
Su padre estaba en la habitación leyendo un comunicado esperando a que recuperara el conocimiento. Al verlo ya despierto, deja de leer y le mira muy serio, luego suspira y se sirve un vaso con agua. Bebe el agua y se sienta junto a él.
Cramer solo movía sus ojos y no decía nada. Pero su padre Dinilius si le dijo:
— Tendría que haberte ejecutado, Cramer.
Cramer no respondía. Solo podía escuchar el silencio donde estaba situada la mansión Evans. Que no escuchó por primera vez en toda su vida. La voz de sus sirvientes. Tal vez murieron en la redada o huyeron con los demás… Por lo demás Cramer había perdido la mitad de su alma ayudando a los necesitados.
— Ejecutado enfrente de todos, en la plaza. Por traición— Grita su padre con entusiasmo, y gran firmeza.
—…
— Pero no lo haré— De repente baja la voz y se sienta para decirle: —Verte así, sin una pierna y sin un brazo, y con medio rostro quemado, me entristece. Y que una maldita manchada te haya traicionado, me es para mí suficiente castigo. Cramer, me duele, no solo porque me hayas decepcionado si no también el verte así. Te prometo, que si aún sigue viva, la desollare, y disfrutare poco a poco sus gritos de agonía.
— Ella, no hi-zo na-da— Susurra con esfuerzo Cramer.
— ¿Qué no hizo nada? Te engatuso hijo mío, te enamoro para que la ayudaras escapar. ¿Y aun así la defiendes? Si hubieras salido ileso de esto, te habría cortado la cabeza. Pero “esto”— Señala todo su cuerpo quemado. —es más que suficiente para que recapacites.
— Por-que, lo… hi-ciste.
— ¿Qué? ¿Te refieres en quemar vivos a esos enfermos, o te refieres en quemar vivos a los niños y a los ancianos? Esa gente estaba contaminando la ciudad. Muchos nobles que tenían de sirvientes manchados resultaban contagiados con: mal de mares, fililea, pleusalaquismo, y corpentudidas, y quien sabe que otras enfermedades trasmisoras. Contaminaban las aguas, los alimentos y la gente. Y la pobreza de esa genta aumentaba cada día. Yo queme de raíz todos esos problemas. La constante invasión de manchados, el éxodo sin control de esa raza bastarda ha triado problemas y enfermedades. El Imperato me autorizo para hacer lo necesario y eso hice.
— Mu-chos niños, mu-rieron.
— Fue un sacrificio necesario. Morirían de todas formas, ya no había recursos ni lugar para ellos. Es mejor que entiendas Cramer lo que se requiera para salvaguardar la ciudad, porque ahora, la diosa Calipso te ha dado una segunda oportunidad.
Hamer toca la puerta y se escucha decir que alguien lo estaba buscando. Dinilius abre la puerta y pregunta quien era:
— Padre es de la familia Terrel— Responde Hamer.
— ¿Un Terrel?— Dice Dinilius confundido. — ¿Qué hace un Terrel en mis tierras?
Hamer le dice que es urgente, y este deja a su hermano al cuidado de Hamer.
Hamer se sienta y le mira muy sonriente y feliz. Cramer no podía decir nada y solo se quedaba mirándole.
Este se levanta y camina por la habitación mirándolo y luego se posó sobre la ventana y observó el campo. En el amanecer, contempla Hamer sin dejar de sonreír como su hermano estaba en esa condición.
— Papá rehusó matarte—. Pregona Hamer, —No creí que sobrevivieras a esa explosión. Debo reconocer que eres duro de matar, hermanito. Te lo advertimos ¿no es así?, ahora ese respeto que me dejaba excluido del cargo, se ha derrumbado. Parece ser que ya no eras el más listo de la familia.
Hamer se acerca a su hermano. Por qué podía notar que su ira se acrecentaba a medida que hablaba. Y se coloca de tal manera que su rostro queda muy cerca de Cramer.
— Te lo diré de nuevo; no estarás aquí cuando la verdadera batalla haya empezado.
Pero Cramer no le contesta, Hamer observa como no dejaba de verlo, y sin parpadear. Su seriedad asustó un poco a Hamer, pero este no dejaba de sonreír.
Su madre Vertuldia Van Evans, llega al cuarto para visitar a su hijo. Hamer se retira de su rostro y se inclina ante ella levemente y sale del cuarto. Su madre le ve muy sospechosamente y cierra la puerta. — Hijo mío— Le dice:
— No debiste hacerlo. Mírate, ahora ya no eres un joven bello, sino una deformidad viviente. Un espanto esperando morir.
— Ma-ma, por-favor…
— No, Cramer, te lo advertimos. Y no hiciste caso. Ahora ya no podrás casarte ni tener hijos. Y ahora nos quedamos sin sirvientes… Deví saber que esos bastardos tarde que temprano nos dejarían. Después de todo lo que hicimos por ellos.
Cramer dejó caer algunas lágrimas en señal de que estaba triste, y de que su madre ya no lo viera más como antas lo hacía. Pero esta recalca algo que detuvo el llanto de Cramer.
— Pero no todo son noticias malas, alégrate hijo mío, porque al parecer Calipso no solo se ha apiadado de ti, si no que te ha bendecido.
— ¿Qué?
— Hay una mujer que aun está interesada en ti. Una Dornina de Lanner (título que se le designa a la mujer o hija de un señor de ciudad) adivina quién es.
— ¿Anni-ella?
— Aniella ha sido la única mujer de todas las Dorninas que no ha retirado su candidatura a ser esposa tuya. Aun sabiendo que de todos los prospectos ella era la última. Hace un momento llegó un comunicado de que estará aquí para verte.
Cramer no sabía que decir, o como sentirse, si alegrarse o no. Porque después de todo, el primer romance que tuvo fue con una manchada que lo apuñaló. Y aun le amaba, aun si le costaba la vida o su reputación. No sentía otra cosa por Gisel si no amor puro. Pero a pesar todo, Aniella era otra cosa. Era una mujer alta y rubia, carismática, dispuesta a morir por él, y criada solo para ser la esposa de él según sus palabras. Era Dornian de una ciudad muy pequeña llamada Lanner. Acobijada bajo el mando de Dinilius.
Aniella, no solo era bondadosa y noble; si no muy hermosa, de ojos color naranja, que pareciera que el otoño fuera eterno en su mirada. De una sonrisa esplendida y confortante, de rostro afable que contagiaba de alegría a cualquiera que estuviera en su presencia. Y Compartía tanto con nobles como con manchados por igual. Y en un misterio incalculable y hasta estos tiempos actuales nunca se reveló el por qué ella amaba tanto a ese hombre, el por qué se enamoró de Cramer.
Entonces Cramer se avergonzó. No quería que lo vieran de esa manera tan deplorable. Y aparto su mira de su madre y siguió llorando. Vertuildia se sentó y siguió mirando por la ventana como hizo su hijo mayor y su esposo. No podía hacer otra cosa que aceptar la realidad. De que su hijo fue un traidor, que prefirió el amor de una manchada que una legitima mujer dorada. Suspiró y acepto el hecho de que suhijo fuera un engendro deforme, y que aun ante su padre no había perdido su legitimidad como comendador de los suelos Berserkers. Aun si era el hijo menor; entonces apoyó a su hijo, aceptándolo como estaba y aconsejándole solo una cosa:
— ¿Sabes cuál es el lema de nuestra familia?
Cramer ocultaba su mirada, con la mitad de toda esa enredada cabellera que no fue chamuscada. Y su medio rostro quemado perduraba en el horizonte de la pared como perdido en su remordimiento.
— «Sin misericordia». Ese es el lema de tu padre, y yo lo acepté; a sabiendas de que vengo de una familia pacífica. Donde su lema era: «Se fuerte» Ahora te lo pido, si no puedes ser despiadado como tu padre o tu hermano, entonces «Se Fuerte» resiste todo y enfréntalo. Es lo único que te pido como madre, porque ya que no respetaste la autoridad de tu padre, espero puedas tenerme en consideración como para aceptarme este consejo.
Entonces Vertuldia se retira y vuelve su mirada a Cramer, y luego cierra la puerta.
* * *
En otra habitación, Terrel que era otro invitado en tierra de Evans. Era un comendador de un emporio más pequeñas y de dominio Redgroouk. Calvo y de barba enmarañada roja, de mirada penetrante, con solo tres dientes en su boca, y una sonrisa tan macabra que indicaba maldad en todo lo que hacía. Pero esta descripción estaba muy alejada de su personalidad; ya que Terrel aun con esa apariencia, era un hombre calmado, y tildado de ser amable con los desvalidos. Vestía siempre un chaleco de cuero marrón y de camisa roja. De botas puntiagudas y de cinturón negro ancho donde cargaba siempre su espada. Mantenía un pantalón negro, y siempre utilizaba un sombrero bermellón claro para cubrir su calva.
Su nombre real era Querri Gustav Marrilan Terrel. Y era sangre pura.
Los Terrel no se la llevaban con los Evans, y era por ese motivo que Dinilius se extrañara de la presencia un Terrel sangre pura en Goldius.
— ¿Qué haces en mis tierras, Chiroqui?— Pregunta Dinilius un poco exaltado.
— No me digas así, los únicos que me dicen así son mis amigos, y tú no lo eres.
— Pues responde mi maldita pregunta. ¿Acaso Ruster Crowbar te envió?
— Vengo, porque el Imperato me lo pidió. Y creo que a ti también te envió el mismo mensaje.
Dinilius se queda perplejo y voltea su rostro para ver la ciudad en sus horas del mediodía.
— El mensaje es claro. Tenemos que recuperar Tierras rojas.
— Un Crowbar, un Terrel, y un Evan serán enemigos de por vida. Lo fue con mi padre y su padre, y luego el padre de estos y así por generaciones… ¿Por qué crees que podría marchar a Tierras rojas con ustedes, y no por mi cuenta?
— Es por que el Imperato me ha enviado como mediador. Mi deber es apaciguar sus diferencias y marchar a Hardywell para encontrarnos con los demás.
— ¿Los demás?
— Si, La familia Gordow, Handry y los Honnyger se unieron para marchar en el paso de Ozar.
— Familias que apoyan a los Crowbar. Qué mierda de alianza.
— Hay que marchar ahora mismo. Muchos saben que los Evans tienen más recursos que todas estas familias juntas. Solo con los tres igualaríamos tu arsenal.
— Si sabían esto ¿porque me buscas? Ya podría haber marchado solo hasta el paso de Ozar.
— Crowbar no lo sabe.
— Menudo amigo tiene que no le dice nada sobre esto.
— Cada uno tiene sus problemas. Ya las familias como los Roj’s, los Semesh, y los Leraj, están oficial mente extintas. Tenemos que poner de lado nuestras diferencias ahora que los Maltuinos están avanzando a otras ciudades mientras hablamos… Es mejor que decidas ahora. Si seguir torturando manchados o llevar tu engreído trasero a Hardiwell. Yo ya cumplí mi parte.
Querri, como no se había sentado en todo ese tiempo que esperó a Dinilius, caminó por la habitación, rodeando la mesa para buscar la puerta. Pero es detenido por Dinilius:
— ¡Espera! Podremos no llevarnos bien. Pero nunca he rechazado una petición de mi Sterio Imperio. Saldremos a la madrugada.

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