CoS – Capítulo 1

Modo Noche

Capítulo 1. Creciendo

La primavera fue una estación muy apreciada. Los seres humanos podrían finalmente comenzar el nuevo año después de una lenta temporada invernal, ya no era necesario soportar el inclemente frío y ser capaz de obtener comida era mucho más fácil. También hubo un aumento en la diversidad de alimentos, convirtiendo a la primavera en la estación más importante del año. Ya sea para humanos, enanos, orcos, elfos, o incluso ogros, criaturas sobrenaturales y bestias carnívoras, tuvieron acontecimientos importantes durante la primavera.

Por supuesto, el mundo era realmente complicado y siempre habría excepciones. Por ejemplo, la primavera no tenía sentido para aquellos que vivían bajo tierra. En el caso más extremo, los Demonios de la Nieve odiaban la primavera. Por otra parte, la mayoría de la raza humana consideraba la estación encantadora. Cuando el aire cálido y húmedo cruzó las montañas y el mar difícilmente alcanzaba la Aldea Rooseland, los aldeanos sabían que había llegado la primavera.

Rooseland estaba ubicada en medio de una cordillera cercana a la costa. Era una pequeña mancha en medio de las enormes montañas que se extendían a miles de kilómetros, gobernadas por el Barón Tucker bajo la Alianza Sagrada. Estaba a unos trescientos kilómetros del castillo del Barón, así que sólo durante la temporada de cosecha los aldeanos veían venir a los recaudadores de impuestos del Barón. Su mando era insignificante, sólo se sentía durante este corto período de tiempo.

El Barón cobraba impuestos pequeños, recogiendo sólo las especialidades de la zona para que no tuviese mucho impacto en la vida cotidiana de los aldeanos. Si el impuesto se incrementara en un año de mala cosecha, las consecuencias serían nefastas. No era tan malo vivir en las montañas. Mientras trabajaras todo el año, podrías sobrevivir.

Las tierras en las afueras de la aldea necesitaban ararse, para sembrar en primavera, y cosechar los alimentos en verano. Los cazadores también empezarían a entrar al bosque en esta época. Las bestias mágicas, habiéndose despertado de su hibernación, serían excepcionalmente peligrosas y agresivas en su búsqueda de comida, pero había algunas especialidades en sus cuerpos como preciosos ingredientes medicinales o glándulas que podían ser transformadas en perfume. Su calidad sería la más alta en primavera, así que a pesar de las muertes y las lesiones cada año los cazadores entraban en las montañas. Esto convirtió a la Diosa de la Caza en la más venerada de todos los dioses. Aparte del Dragón Eterno, había tantos dioses y religiones en Norland como estrellas en el firmamento.

Norland era un continente con abundantes recursos, gobernado por poderes divinos bajo una estricta jerarquía. Incluso una aldea remota y pacífica como Rooseland tenía bastante historia, y a pesar de su sencillez y naturalidad, los aldeanos respetaban a los expertos y despreciaban a los débiles. La pequeña aldea, con sólo decenas de hogares, seguía su propia e implícita jerarquía.

La pequeña figura de un niño apareció fuera de la aldea, llevando una canasta de mimbre repleta de frutas del pan casi tan alta como él. Las reservas de invierno se agotarían normalmente en primavera, antes de que se pudiesen obtener otras fuentes de alimentos, incluso esa fruta blanda seguía siendo un importante recurso. Además de ser fácil de encontrar, debido a que crece en el bosque al lado de la aldea.

Había otros tres niños junto a él, cada uno de ellos era una cabeza más alta que el niño. Tenían arcos y horquillas en la mano, y dagas en sus cinturas. Aunque tenían menos de diez años de edad, todos llevaban ciervos y conejos sobre sus espaldas, siendo capaces de cazar. Por supuesto sólo se enfocaron en los animales dóciles, pero no era una tarea sencilla poner las trampas para capturarlos. Ya sean plebeyos o nobles, los niños de la aldea aprendieron estas cosas de sus padres.

El líder de este grupo repentinamente gritó: “Oye Richard, ¿dónde está tu padre? ¿No te ha enseñado a cazar? ¡A tu edad ya estaba solo en las montañas, poniendo trampas para atrapar conejos!”

Un chico a su lado le siguió con una risita: “Un niño sin padre sólo puede recoger frutas”.

Los tres niños mayores se rieron cuando pasaban junto a Richard para entrar en la aldea. Sus pasos eran ligeros, haciendo difícil creer que cada uno llevaba más de diez kilogramos a cuestas por la forma en que caminaban.

No obstante, al pequeño niño no le importó sus burlas, y continuó cargando la canasta en su espalda mientras entraba en la aldea. Un hombre de mediana edad sentado en la entrada observo lo sucedido, llamó al niño y le puso un poco de carne seca de bestia mágica en la mano. Acarició la cabeza del niño con afecto: “Pequeño Richard… ¿No estás enojado por qué Beirut y sus amigos te intimidan así? Les daré una lección más tarde, aunque sean niños, no deberían ser tan desconsiderados”.

No esperaba que el niño sacudiera la cabeza para decir. “No hay necesidad, no estoy enojado”.

“Pero…” El hombre usó su mano grande, negra y callosa para rascarse la cabeza, encontrando un poco difícil entender al niño. Pensó que les tenía miedo y no podía evitar querer decir algo. Después de todo, a los niños de las montañas les faltaría todo menos valor.

Sin embargo, el niño sonrió y continuó diciendo: “¡Aunque no tenga padre, tengo la mejor madre!”.

El hombre solo continuó rascándose la cabeza, sorprendido hizo una tonta sonrisa y dijo: “¡Eso es correcto! ¡Así es!”

El pequeño niño tarareaba mientras seguía llevando la gran canasta, saltando hacia la aldea. Su leve melancolía había dado paso a la alegría, porque su madre tenía que estar feliz sin importar qué pasara.

El pequeño Richard había cumplido seis años este año, y había aprendido la felicidad.

El hombre de mediana edad era el herrero de la aldea, Bobby. La madre del niño era una Acólita Mágica llamada Elaine, que vino sola a la aldea de Rooseland cuando estaba embarazada de su hijo. No era excepcionalmente hermosa, pero su personalidad era tan suave como el agua y su presencia permitió a la aldea tener por primera vez a un médico. Ahora no necesitaban correr una docena de kilómetros hasta la ciudad vecina, incluso cuando sólo estaban levemente heridos o enfermos. En el pasado a veces habían optado por soportar las molestias debido a la distancia.

Elaine había establecido una pequeña clínica medicinal al lado de la aldea. Aunque sólo podía hacer las medicinas más básicas, había salvado a muchos aldeanos desde que llegó. El jefe de la aldea y algunos ancianos decidieron otorgarle un poco de tierra, convirtiéndola oficialmente en aldeana de Rooseland. Con la mayoría de los aldeanos siendo cazadores, ahora había tres centros principales de autoridad en el pueblo. Uno era Bobby el herrero, otro era el jefe de la aldea que era un oficial militar retirado y el último era Elaine, que junto a los otros dos garantizaban el futuro de la aldea entera.

La vida en Rooseland era muy tranquila y lenta, un año pasó de nuevo en un abrir y cerrar de ojos.

Richard era un par de centímetros más alto esta primavera, parecía un niño de ocho o nueve años. Tradicionalmente ya había aprendido a poner trampas para conejos y demás pequeños herbívoros.

Habitaban numerosas pequeñas Bestias Mágicas en el bosque cercano a Rooseland, las más grandes casi nunca se veían. El lugar era un campo de entrenamiento para los niños de la aldea, así que los cazadores no capturaban animales pequeños. Sólo patrullaban la zona de vez en cuando, erradicando cualquier criatura peligrosa o  las raras Bestias Mágicas de mayor tamaño en las profundidades del bosque.

Aun así, Richard seguía cargando una canasta en su espalda por la montaña cada pocos días. No fue tan maltratado como solía ser, pero aún estaba recogiendo fruta del pan, que se encontraba en cualquier parte de la montaña. La fruta del pan no era deliciosa, y los aldeanos preferían la carne de las bestias mágicas que era sabrosa y también les daba fuerza.

Todo esto fue por petición de su madre. También recolectó hierbas medicinales, recogiendo un tipo diferente en cada una de las cuatro estaciones y teniendo que lidiar con ellas usando ciertos procesos complicados. Llevar la hierba a casa era sólo la mitad del trabajo, el resto lo hacía una vez que había regresado.

Lo que no entendía era que hasta el fruto del pan necesitaba ser procesado como las hierbas. De hecho, en la práctica lleva más tiempo que las mismas hierbas. Los otros aldeanos no hacían esto, y los comían directamente después de recolectar los frutos maduros que habían caído al suelo durante la noche. Su madre, en cambio, le pidió que recogiera los frutos del árbol, con un requisito específico para el color y tamaño del fruto e incluso un método especial para recogerlos. Sin embargo, cuando él ignoró sus instrucciones y pensó que no habría ninguna diferencia, su madre se había dado de cuenta, así que no hizo más artimañas después de ser reprendido unas cuantas veces. Escogía el fruto seriamente, procesándolo a la perfección. Sólo en invierno su madre le comento que todo esto era para entrenar su perseverancia.

El pequeño Richard había cumplido siete años este año, y había aprendido la perseverancia en sus tareas. Si tuviera que decir que le había disgustado en sus siete años de vida, era que el fruto del pan fuese su cena diaria. Fue una pequeña pesadilla que nunca olvidaría.

Rooseland se mantuvo igual que siempre la siguiente primavera. Bobby seguía soltero, y Elaine tenía pocos negocios. El jefe de la aldea estaba tan sano como de costumbre, siendo el primero en atacar a las fuertes bestias mágicas. Richard, sin embargo, finalmente había aprendido a poner trampas. Aun así, Beirut y el resto habían empezado a usar arcos cortos y a seguir a los cazadores hasta las montañas. Ya tenían diez años, podían llamarse a sí mismos jóvenes. La gente en la aldea incluso pensaría que tenían unos quince o dieciséis años con sus cuerpos bien formados.

Establecer trampas requería mucha experiencia. Se necesitaba de una mirada cuidadosa, un par de manos ágiles y algo de suerte.

Con las rudimentarias herramientas usadas para hacer las trampas, había una alta posibilidad de que un cazador inexperto se hiciera daño. Richard tenía talento, superando estos problemas que les sucedía a los jóvenes de la aldea en su primer intento. Su éxito acumuló elogios por parte de los adultos del pueblo, y Bobby estaba especialmente contento ya que pensaba en Richard como su propio hijo. Esto era algo que todos en el pueblo sabían; si Richard estuviera dispuesto a llamarlo padre, Bobby probablemente accedería a cerrar su tienda.

En tan sólo unos pocos días Richard era competente en muchos tipos de trampas. Empezó a adentrarse en las profundidades del bosque, colocando grandes y complejas trampas. Grandes bestias mágicas comenzaron a aparecer de vez en cuando, y con su suerte un jabalí kamchatka apareció en su camino, colocando la trampa de frente. Las patas delanteras de la bestia fueron capturadas con seguridad entre espinas, cuerdas de ratán y clavos de hierro, y aunque era realmente fuerte, la trampa se hizo tan meticulosamente que su resistencia fue soportada completamente por la misma. El jabalí era incapaz de liberarse incluso después de una lucha violenta.

Ocultándose en las cercanías mientras observaba luchar al jabalí, las manos de Richard estaban empapadas de sudor. Era la primera vez que sentía que el cuchillo de caza en sus manos no sería confiable. Un jabalí herido es extremadamente peligroso, y aunque el jabalí que tenía delante era realmente pequeño, él sólo era un niño.

Justo cuando Richard estaba seguro de que su presa no podía escapar de la trampa, y dispuesto a salir al ataque, una gran fuerza le tiró al suelo desde atrás, derribándolo al suelo detrás de él. Sintió vértigo mientras la sangre le cubría la boca y la nariz, escuchando el silbato de una flecha y el chillido del jabalí. Prontamente escuchó gritos de alegría y entusiasmo desde su lado, pertenecientes a voces que él conocía.

Richard se puso lentamente de pie, viendo a Beirut y su grupo aparecer en un momento inesperado. Uno de ellos lo había empujado a un lado, y Beirut era quien había disparado la flecha. Le había acertado un golpe fatal en el cuello, una tarea difícil aún sobre una bestia capturada, ya que había permanecido luchando.

“¡Robaste mi presa!” Richard de repente se dio cuenta de lo que estaban haciendo, y gritó furioso.

“Todos los presentes pueden probar que disparé y maté al jabalí. ¿Cómo puedes decir que te robé la presa? ¿Por esa trampa tuya? Un buen cazador sabe que ese tipo de trampa sólo puede ser usada para cazar conejos”. Beirut miró a Richard con desprecio.

Era casi por una cabeza, más alto que Richard, y estaba bien corpulento. Siendo el hijo del jefe de la aldea, era mucho más fuerte que otros niños de su edad, casi como un adulto. Frecuentemente cazaba poderosas bestias mágicas de los alrededores, y la carne de esas bestias endurecía en gran medida los cuerpos de aquellos que la consumían.

“¿Por qué estás aquí cazando jabalíes, entonces?” La réplica de Richard hizo que Beirut se quedara sin palabras. Miraron hacia el delgado y frágil cuerpo de Richard, pero no podían negar que era realmente inteligente. Escucharon que él podía escribir un montón de palabras, pero eso no era motivo de respeto, ¿De que servían las palabras cuando resultaba indispesable la cacería?

La pregunta de Richard enfureció a Beirut. Hizo un brusco movimiento hacia abajo con su mano, señalando a un joven a su lado para que se moviera detrás de Richard y lo derribara al suelo nuevamente.

La pequeña cara de Richard se enrojeció mientras volvía a levantarse.  Luego agarró con fuerza su cuchillo de caza. Su aura al instante hizo que estos jóvenes sintieran un frío intenso, pero Richard dudó por un momento y Beirut aprovechó para derribarlo. Los jóvenes lo atacaron conjuntamente, arrebatándole el cuchillo de caza y golpeándolo con patadas y puñetazos. Beirut incluso pisó la cabeza de Richard, ¡haciendo que su cabeza quedara profundamente enterrada en el suelo!

Los cuerpos de estos jóvenes montañeros estaban llenos de fuerza, y sus golpes no eran sutiles. Sin embargo, Richard no luchó, no se resistió ni pidió misericordia, sino que soportó silenciosamente los ataques aunque Beirut golpeaba más y más fuerte. La falta de reacción hizo que Beirut sintiera que se estaba burlando de él.

“¿Lo admites?” Los jóvenes comenzaron a golpear más y más fuerte, pero Richard les permitió que atacaran como si no se tratase de su propio cuerpo. De hecho, Beirut se aterrorizó después de un rato, temeroso de haber herido severamente a Richard. Si esto sucediera, definitivamente sería reprendido cuando volviera a casa, por su padre el cual era tan temperamental como él, y además Elaine tenía una imagen excepcional en la aldea.

Los jóvenes gradualmente cesaron su ataque. Richard se tomó un rato mientras lentamente se levantaba, y Beirut pronunció unas duras palabras antes de tomar el jabalí y marcharse. Viéndolos alejarse del lugar, descansó en un árbol durante mucho tiempo antes de esforzarse por levantarse y volver a casa.

Cuando Elaine vio el cuerpo del pequeño Richard cubierto completamente de moretones, lagrimas brotaron de sus ojos. El niño la consoló, diciendo que estaba bien y que sólo dolía un poco. El niño miró a su madre después que ella le aplicara un medicamento a sus heridas y le preguntó: “¿Todavía no puedo defenderme?”

“¡Mhm!” Elaine rechinó los dientes y asintió con todas sus fuerzas.

“Está bien, no me defenderé. Pero tampoco cederé.” Beirut le buscó problemas a Richard un par de veces después de ese día, golpeándolo una y otra vez. En la peor ocasión, dejó a Richard incapaz de levantarse, pero aun así no pidió misericordia, ni siquiera se quejó… Siempre se volvía a levantarse después de que se cansaban de golpearle. Entonces miraba a Beirut en silencio, su comportamiento calmado provocaba que el niño sintiera una gélida sensación en las profundidades de su corazón. Esa mirada era la misma que uno tenía al mirar a un cadáver.

Beirut comenzó a tener pesadillas ese año, sufriéndolas por un par de días cada vez que golpeaba a Richard. La diferencia en sus físicos sólo estaba creciendo, pero Richard nunca se resistió. Beirut no entendía por qué Richard nunca se quejó de él ante su padre, lo que le haría ser azotado un par de veces como mínimo. De hecho, Richard no había hablado con nadie en la aldea acerca de las palizas.

Los jóvenes buscaron cada vez menos problemas con Richard a medida que pasaba el tiempo. Una vez, el niño les sonrió mientras goteaba sangre de su boca, haciendo que se fueran confundidos. Esa fue también la última vez que lo golpearon.

Cuando Richard cumplió ocho años, había aprendido la tenacidad.


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