CoS – Capítulo 5

Modo Noche

Capítulo 5. Separación

El pequeño Richard durmió durante siete días seguidos, sólo abrió los ojos cuando la luz del sol irrumpió en su habitación el séptimo día.

Lo primero que hizo cuando despertó fue salir corriendo de su habitación y buscar a su madre. Al encontrarla en el estudio, se arrojó sobre ella inmediatamente, exclamando: “¡Madre!, ¿Adivina qué obtuve del Santuario de la Diosa de la Luna?”

Elena se giró y le acarició suavemente la cabeza: “Déjame adivinar… Mi Richard siempre ha querido ser un mago. ¿Conseguiste la Bendición de la Compatibilidad Elemental?”

Sin embargo, la mujer que se había dado vuelta para dirigirse a Richard era alguien que nunca antes había visto. Estaba aturdido por un momento. Pero todavía tenía su propia forma de reconocer a las personas. La olfateó un poco, percibiendo un olor familiar: “¿Eres… mi madre?”

“Mi querido Richard, esta es la auténtica apariencia de tu madre. ¿No es hermosa?” Elena arrulló con una sonrisa.

Richard asintió, “¡Madre eres la más hermosa!”

Elena o más bien Elaine, siempre había sido la mujer más guapa y hermosa en el corazoncito de Richard. Pero ahora que su madre había revelado su verdadera apariencia, la belleza de los Elfos de la Luna de Plata se hallaba a la par de su magia.

Los niños eran muy impacientes, y Richard no tuvo la moderación de dejar que su madre siguiera adivinando. “¡Tengo la Sabiduría y la Verdad!”

“¿Verdad?” Elena estaba sorprendida. Sabía de la Bendición de la Sabiduría, pero nunca antes había escuchado de la Bendición de la Verdad.

Richard frunció las cejas, tratando de explicarse con su nueva sabiduría: “La verdad es… Hmm, la Bendición de la Verdad es algo que me permite ver los poderes del mundo con mayor claridad. No es muy útil ahora mismo, pero se puede mejorar en el futuro y me permitirá mirar más lejos, incluso escuchar con mayor claridad”.

Elena tarareó al responder, coloco su mano en el hombro de Richard mientras le decía que apreciara sus nuevas habilidades. También pasó una hora entera, al menos desde la perspectiva de Richard, insistiéndole para que no olvidara sus enseñanzas. Él hizo una cara graciosa en respuesta al interminable discurso de su madre; es un chico inteligente con una memoria excelente para empezar, y con su Bendición de la Sabiduría no necesitaría escuchar lo mismo dos veces.

Elena finalmente se detuvo una vez que se dio cuenta de que había estado hablando por mucho tiempo, “Mi Richard, ¿quieres ver a papá?”

Richard frunció el ceño nuevamente, pensando seriamente en una respuesta que no llegaría. Elena terminó interrumpiéndolo antes de que tomara una decisión: “Podrás verlo muy pronto. Mando algunas personas a recogerte, están en camino. Acuérdate de comportante bien ¿de acuerdo?”

“¿Eh?” Todo fue demasiado rápido, y Richard ni siquiera tuvo tiempo de formular una respuesta adecuada. De repente se percató y dijo,” Qué hay de ti? ¿No vendrás tú también?”

“No, mamá no irá.”

“¡Entonces yo tampoco iré!” Dijo el niño con determinación.

Elena sonrió en respuesta: “No, tienes que irte. Tengo  un deseo que debes ayudarme a cumplir”.

“¡No te preocupes por eso, Madre! Ya estoy grande, dime lo que quieres, lo haré de inmediato”. Richard exclamó con confianza.

El cálido tono de Elena contrastaba completamente con la intensa mirada que dirigió a su hijo: “Cuando llegue el día en que te hayas convertido en un verdadero hombre, quiero que me entierres por encima de las tumbas familiares de tu padre”.

El chico asintió, aunque demasiado entusiasmado. Todavía era demasiado joven para entender este deseo, pero un joven montañero nunca se echaría atrás…

Las mañanas en Rooseland eran normalmente calmadas y tranquilas, pero la serenidad de la aldea fue quebrantada hoy por ligeros temblores. Las vibraciones aumentaron progresivamente, estremeciendo incluso al más lento de los ancianos de la aldea hasta sacudirles el sueño. Los aldeanos se asomaron desde sus casas, mirando hacia el final del sendero y sentían un poco de frío.

Los vientos de la montaña eran fríos, haciendo que incluso el más valiente de los guerreros temblara y sintiera escalofríos. Sin embargo, el frío que sentían hoy era diferente, estaba dentro de sus corazones presagiando que algo malo se estaba acercando.

Todos los aldeanos se reunieron en la entrada de la aldea mientras continuaban los temblores, sacudiendo completamente la montaña. Podían ver humo elevarse a lo lejos, los árboles se balanceaban de forma amenazante mientras las aves escapaban de sus nidos, volando directamente hacia las montañas.

De repente, un Caballero Demoniaco salió cabalgando del bosque. Su armadura negra estaba cubierta de púas, con una calavera en su coraza. Incluso su caballo no era para nada parecido a los que habían visto en el pasado, al menos medio metro más alto que el promedio. También estaba cubierto con una gruesa y puntiaguda armadura, lo que demostraba que las púas no eran sólo para la defensa. A los lados del caballo había dos enormes espadas, parecía que cada una pesaba más de cien kilogramos. Semejante poder no era algo contra lo que pudiese enfrentar.

El Caballo de Batalla destruyó el sendero de grava a su paso, mandando a volar piedras y barro por todos lados producto de las abolladuras que dejaba. Veinte caballeros más le siguieron y detrás de ellos se encontraba un ejército de guerreros, todos equipados con arcos mágicos y armaduras sofisticadas. Un ejército como ese podría fácilmente destruir el castillo del Barón Tucker, sin embargo, aquí estaban invadiendo su pequeña aldea.

Los aldeanos se pusieron pálidos. Los cazadores pueden ser valientes, pero sabían que no tenían oportunidad alguna contra estos caballeros. Incluso el jefe de la aldea detectó algunas señales del caballo inusualmente alto, su experiencia e instintos de militar le indicaban que estos caballeros eran muy fuertes.

El caballero detuvo a su caballo y sus pezuñas crearon otra abolladura en el humilde sendero mientras una ráfaga de fuego salía de sus fosas nasales. El caballero escudriño a través de los aldeanos, inexpresivamente: “¿Saben dónde está Elena?”

Los aldeanos se miraron unos a otros, desconcertados. No había ninguna mujer llamada Elena en la aldea. El herrero y el jefe de la aldea parecían recordar algo, pero decidieron quedarse callados. El caballero se volvió más sombrío en un segundo.

Sin embargo, Elena salió de su tienda de medicina antes de que pudiera hablar, “¿Gaton te envió aquí?”

La expresión del caballero cambió casi en el mismo momento en que miró a Elena. Rápidamente se bajó de su Caballo de Batalla, aterrizando frente a ella. Se quitó su yelmo a medida que inclinaba la cabeza con respeto, “Yo soy Mordred, un caballero del Señor. Estoy aquí bajo sus órdenes, para llevarle de regreso”.

Mordred tenía el cabello rojo oscuro y puntiagudo, e incluso con su cabeza inclinada hacia abajo su aura no era ninguna broma. Todos los que estaban cerca de la tienda de medicina temblaron ante su presencia.

El vestido de Elena se agitó un poco, pero ella no retrocedió. Se sentía como si estuviera parada en medio de una ráfaga de viento mientras hablaba, “Eso me hace sentir mucho más segura”.

Mordred se rió de todo corazón: “Gracias por su cumplido, mi señora”.

Elena agarró a Richard que estaba justo detrás de ella, poniendo su pequeña mano en la de Mordred, “Él es a quien Gaton quiere. Su nombre es Richard… Richard Archeron”.

Mordred miró al niño cuidadosamente, antes de tomar las manos de Richard con las suyas, “¡Estoy a su servicio!”

El caballero se dirigió a Elena: “Creo que ya habéis alistado las maletas, mi señora. Salgamos de inmediato, el Señor Gaton debe estar muy ansioso por verlos”.

“Hay algo importante que tengo que llevar, por favor espera aquí.” Elena entró en la tienda y cerró las puertas. Dejó a Richard solo con el gran y poderoso Mordred. El niño miró directamente al caballero y éste le devolvió la mirada. Después de un rato, Mordred se echó a reír sin razón aparente.

Sin embargo, su sonrisa se detuvo por completo.

Una repentina explosión surgió en la tienda de medicina, volando su techo a casi diez metros del cielo. ¡Incluso un poderoso caballero como él, no se había dado cuenta cuando ocurrió la explosión!

El caballero gritó y entró en la tienda de medicina. Las paredes eran como queso para él, incluso las furiosas llamas no podían hacerle el más mínimo daño. En su interior fue recibido por la presencia de una elegante Elena. Quería salvarla, pero se sorprendió al ver que las llamas salían de su cuerpo. ¡Elena se había prendido fuego!

Sonrió al ver a Mordred, rápidamente se incinero y desapareció, sin dejar rastros.

Mordred permaneció erguido, su cuerpo aún estaba envuelto en llamas mientras esa sonrisa se grababa en sus recuerdos. Tan hermosa, tan elegante… y a la vez tan complicada.

Richard estaba histérico, pateando a los otros caballeros que le impedían entrar en la tienda, pero su esfuerzo resultó inútil. El lugar se derrumbó justo delante de él, Mordred salió entre las cenizas y vio a Richard llorando, devastado como si su vida dependiera de ello.

Permaneció en silencio durante un rato, antes de decir: “Tuviste una gran madre. Vamos, te llevaré con tu padre”.

El abrupto incidente asombró a los aldeanos de Rooseland, mientras veían aturdidos como las llamas se apagaban. No querían creer que la tienda de medicinas que había estado allí durante los últimos diez años se había arruinado en un abrir y cerrar de ojos.

Mordred retornó con el ejército mientras los caballeros restantes volvieron a la formación y escoltaron a Richard.

No tenía la intención de enterrar a Elena, estaba completamente perdida por las llamas. Sólo un genio demente sería capaz de quemarse por completo, eso le dio a Mordred un nuevo nivel de respeto hacia esta mujer que acababa de conocer. Las esquinas de su boca se curvaron en una sonrisa mientras miraba las ruinas, murmurando para sí mismo: “Esta mujer verdaderamente es digna de mi Señor”.

Un caballero se acercó a Mordred desde un costado: “¿Qué debemos hacer con los aldeanos aquí, Sir Mordred?”.

Echó un vistazo a la gente que se reunió alrededor de la conmoción, acarició su espinosa barba y dijo con indiferencia: “Esta aldea tiene demasiados hombres adultos, el Señor no estará complacido. ¡Matad a todos!”


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