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CoS – Capítulo 174

Libro 2 – Capítulo 57. Un Orden Caótico

Una brillante y redonda luna se elevó al caer la noche, iluminando todas las Tierras Ensangrentadas. Las estrellas que decoraban el cielo parecían estar separadas de los disturbios en el suelo, dejando muchos pilares de roca que habían sido erosionados brillando tenuemente bajo la luz plateada. Bajo la brillante luz de la luna, Richard condujo a su grupo a reunirse con el equipo que había partido antes.

Sin embargo, cuando llegó al punto de encuentro todo lo que vio fue un grupo de soldados heridos. Los caballos ya no estaban, y sólo quedaban doce soldados.

Flowsand se puso inmediatamente en la tarea de curar a los soldados heridos, mientras Richard hacía rondas alrededor de los soldados para ver sus heridas. Después, se acercó al líder de los caballeros para preguntarle: “¿Quién es el responsable de esto?”

“Dijeron que eran hombres del Cosaco Rojo. Se interesaron por nuestros caballos y ofrecieron una moneda de oro por cada uno, ¡una centésima parte del valor del mercado! Nos atacaron en el momento en que los rechacé, con más de doscientos hombres y diez caballeros. Su fuerza superó con creces la de nuestro equipo, y pocos de nosotros escapamos”.

Había un corte tan profundo en la espalda del caballero que casi se le veía el hueso. Cuando recién se encontró con Richard, su herida seguía descargando abundante pus. Fuera de eso, tenía más de diez cortes de varios tamaños por todo su cuerpo, mostrando la intensidad de la batalla.

“Cosaco Rojo…” Richard repitió el nombre reiteradamente, su cara cada vez más pensativa. Entonces le preguntó: “¿Serías capaz de reconocer a estos atacantes si los volvieras a ver?

“¡Eso no hace falta decirlo! Su líder era un caballero que estaba al menos en el nivel 13, vestía una armadura roja y portaba una cuchilla de dientes de sierra a dos manos. Es fácil de reconocer”.

Richard caminaba de un lado a otro, sólo se detuvo una vez que Flowsand terminó de curar a las tropas. Le dio una palmada en el hombro al caballero, soltando un suspiro: “Hiciste bien en sobrevivir. Todavía podemos recuperar esos caballos después, pero si perecieras en la batalla, ¿dónde encontraría gente tan confiable como tú?”.

Richard tenía cada vez más claro que los caballeros que Gatón le había concedido eran inmensamente valiosos.

Una expresión de gratitud cruzó la cara del caballero, y luchó por realizar un meticuloso saludo: “¡Servir al Señor Gaton y a los Archerons siempre ha sido nuestro propósito de vida!”

El caballero nunca vio a Richard como su maestro. Servía a Gaton y a los Archerons. Esto fue algo que Richard sintió desde hace mucho tiempo, pero no dijo nada, especialmente porque todos los demás caballeros que escucharon esta frase sentían lo mismo.

Tal era la cohesión de la familia, el poder legendario de su líder. Su lealtad a Richard era una extensión de su servidumbre a Gaton, y en el futuro harían lo mismo por el hijo de Richard. Quien quiera que los liderara, estos caballeros servían a los Archerons como una familia. Incluso la mención de Gaton se debió a su gran contribución a la familia, tanto que fue comparado con el más talentoso de sus predecesores. En otros diez años, los logros del hombre podrían superar a los de sus antepasados.

Muchos de estos caballeros habían servido a los Archerons durante generaciones. A cambio, la familia había educado y entrenado a sus jóvenes, dándoles estatus, riqueza y la oportunidad de avanzar. Aquellos que sobresalieron recibieron mejor protección para sus familias, parientes e incluso para sus escuadrones. Eran como las ramas de los abetos en invierno, dependiendo unas de otras para sostenerse. Esta era la forma de vida de las familias más nobles de Norland.

En los fríos y refrescantes vientos de la madrugada, Richard llevó a sus tropas hacia el Campamento Piedra de Sangre. La primera luz del sol comenzó a calentar lentamente el desierto, y eventualmente caminaron sobre arena hirviendo y piedras ardientes. De la frente de Richard empezaron a brotar gotas de sudor, pero lentamente se había acostumbrado al calor seco mientras avanzaba paso a paso. Sin embargo, el nombre que le había hecho perder la mitad de sus soldados y todos sus caballos aparecía constantemente en sus pensamientos.

Cosaco rojo.

También había caminos a través de las Tierras Ensangrentadas, senderos hechos por los muchos viajeros que pasaban. Estos caminos terminaron en campamentos neutrales, áreas con vegetación y una fuente de agua. Había otros caminos formados por el paso de caravanas comerciales, pero a medida que la vegetación se secaba y los campamentos cambiaban, estos caminos se hicieron más pequeños y finalmente desaparecieron.

Caminando a través del clima caluroso durante media hora, Richard se encontró con un pequeño camino. No estaba pavimentado ni marcado, sólo era una superficie que había sido nivelada por el paso de caballos y vehículos. De acuerdo con las marcas en su mapa, seguir este camino durante unos pocos kilómetros les permitiría llegar al camino principal que conduce hacia el Campamento Piedra de Sangre.

En parte gracias a la suerte, Richard se las arregló para dar sentido a las burdas marcas en el mapa. El buen juicio le permitió tomar el sendero correcto en cada intersección, poniendo al grupo en la vía correcta sin desviarse mucho.

Sin embargo, el sendero que tenía ante él parecía bloqueado. Unos pocos troncos de árboles afilados estaban unidos formando un bloqueo artificial entre dos grandes rocas, sellando casi todo el sendero excepto por unos pocos metros. Algunos hombres de aspecto vicioso podían verse vagando sin rumbo por detrás, con una bandera atada al punto más alto de la estructura. La bandera caía verticalmente por la falta de viento y contenía la imagen de una guadaña ensangrentada.

Las Tierras Ensangrentadas eran bastante transitables, y no resultaba imposible desviarse del camino principal. Los únicos inconvenientes serían una mayor probabilidad de peligro y una mayor probabilidad de perderse. A pesar de que el sendero que tenían por delante estaba bloqueado, un pequeño desvío alrededor del mismo los llevaría de vuelta al sendero deseado. Sin embargo, quienquiera que hubiese construido esta estructura había hecho obvio que tal cosa no sería fácil. Estos bloqueos fueron diseñados para disuadir a cualquiera de entrar o salir del Campamento Piedra de Sangre. Esconderse sería inútil.

Richard frunció un poco el ceño, caminando hacia la barricada. Al ver el grupo desde lejos, un hombre detrás de la barricada saltó repentinamente y sopló fuertemente un silbato. Diez hombres feroces y fornidos se levantaron uno tras otro, agarrando sus armas mientras salían corriendo de los costados de las rocas.

Un hombre robusto caminó agresivamente hacia el frente, blandiendo su hacha con gran fuerza mientras gritaba en voz alta,”¡Oigan! ¡Ustedes, los de allí, vengan aquí ahora mismo! ¡Este lugar pertenece a Mark de la Guadaña de Sangre, quienquiera que se dirija al Campamento Piedra de Sangre debe pagar un peaje!”

Aproximadamente a unos cien metros de la barricada, Richard se detuvo, “¡No vamos a ir al Campamento Piedra de Sangre!”

El hombre se sorprendió. Con la dirección que Richard estaba tomando, era inconcebible que no se dirigiera hacia el Campamento Piedra de Sangre. Si solo estuviese pasando por las Tierras Ensangrentadas, no se habría girado en esta dirección. Lo pensó seriamente; si este tipo no iba al Campamento Piedra de Sangre, no tenía otro lugar a donde ir.

En ese momento, un hombre que era por lo menos media cabeza más alto que el resto también salió. Le dio una bofetada a su contraparte, que aún estaba muy pensativa, y le reprendió airadamente: “IDIOTA”.

Luego señaló a Richard y gritó: “No me importa si vas al Campamento Piedra de Sangre. Ahora que te hemos visto, tienes que pagar el peaje. ¡Es una orden del Jefe Mark!”


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