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CoS – Capítulo 3

Capítulo 3. Iluminación

Richard asintió y se dirigió a su habitación. Pero a juzgar por su emoción, probablemente no dormiría esta noche. Elaine sacudió con cariño su cabeza, y se dirigió al ático con su linterna mágica.

El ático era un depósito para sus trastos, pero estaba bien mantenido sin una pizca de polvo a la vista. Elaine saco una caja para revelar un pequeño altar de piedra, con una meticulosa formación de hechizos tallada en su base. Lo único malo era que  el ídolo había desaparecido.

Elaine se tomó su tiempo limpiando el altar, llegando incluso a las esquinas más difíciles antes de que su mirada se posara sobre el grueso libro que estaba junto a la caja. Parecía extraordinario a primera vista, con al menos mil páginas y cuatro veces más grande que un tomo mágico normal, con un peso superior a doce de kilogramos. Su superficie de bronce resplandecía intensamente, no estaba cubierta en lo más mínimo por polvo o suciedad de ningún tipo, una clara evidencia de que había sido leído con frecuencia. Esto sorprendió a Elaine. No había estado en contacto con el libro desde hace un buen tiempo, así que Richard era obviamente quien lo leía. No esperaba que su hijo lo leyera a menudo.

Caminó hacia allí y abrió el libro. Su rostro no encajaba con sus delicados y hermosos dedos,  esto había sido motivo de numerosas discusiones entre los hombres del pueblo.

La cubierta del libro estaba hecha de bronce auténtico, pesado y frío mientras irradiaba la solemnidad del tiempo. Dentro del libro había cientos de esferas de cristal que creaban un pequeño altar cuando se activaban, permitiendo escuchar la voz de la Diosa de la Luna, Alucia.

Un poema en el lenguaje antiguo de los elfos decoraba la cubierta, alabando a la Diosa de la Luna en toda su gloria. Elaine todavía recuerda vívidamente cada nota del poema, cada entonación. Hojeó el libro sin pensar, las páginas se deslizaban entre sus dedos como agua. En su mayoría estaban escritas en el lenguaje de los elfos con dibujos realistas, diferentes de las religiones humanas en que las doctrinas de la diosa sólo ocupaban una pequeña parte del libro. En cambio, este libro detalla los eventos y experiencias de la época de Alucia, incluyendo acontecimientos fuera de Norland o inclusive del plano. Richard sin duda se entretenía al leerlo porque lo hacía como si fuera un libro de geografía o historia.

Era difícil ver algo especial en el libro además de su peso, pero esta era la joya más preciada del Palacio Luna de Plata, el Códice de Alucia. Registró los siete hechizos divinos exclusivos de la Diosa y aquellos que ella consideraba dignos, y Elaine había sido capaz de usar cinco de ellos en el pasado.  Ella era la que tenía mayor comprensión de los hechizos aparte del Gran Druida, poseía el poder y el reconocimiento de la propia Diosa. Aunque ahora, apenas podía lanzar un hechizo, e incluso eso requería todo su esfuerzo así como el apoyo del tomo.

Los 7 hechizos vislumbraban en lo más profundo de su mente: Destino de Alucia, Iluminación; Gracia de Alucia, Sanación; Ira de Alucia, Castigo; Espada de Alucia, Armadura Luna de Plata; Voluntad de Alucia, Juicio…

Existen otros dos hechizos que Elaine fue incapaz de lanzar. Uno era la Mente de Alucia, Profecía; mientras el último, el Aturdimiento de Alucia, Luna Oscura; era algo que nadie había logrado usar hasta la fecha.

Elaine puso su mano sobre el libro, bañándose en los restos del aura divina. La sombría luz de la quinta luna brillaba sobre ella a través de la ventana del ático, la divinidad de la luz de la luna entrando en su cuerpo discretamente mientras ella acumulaba poder para la ceremonia la próxima semana. Ese sería el regalo de Richard por su décimo cumpleaños, el hechizo divino Iluminación…

Richard fue despertado en medio de la noche del día de su cumpleaños, llevado al ático  para arrodillarse delante el altar. El libro ya había sido abierto, Richard ya estaba rezando sobre el altar fingiendo nunca haber visto el libro antes.

Esta era la antigua lengua de los elfos, una lengua extremadamente difícil y enigmática, pero él sabía hablar como un nativo. Las plegarias alababan a la Diosa de la Luna, pero mientras las recitaba en su corazón Richard sentía que su cuerpo se había vuelto extrañamente transparente. Era como si algo o alguien hubiese hecho un descubrimiento, dirigiéndose hacia él para entrar en su cuerpo. Sintió una fría sensación en su abdomen, extendiéndose a las extremidades y al resto de su cuerpo. Era un sentimiento fugaz pero peculiar, un fenómeno común durante la adoración o ceremonia. Richard sabía que muchas ceremonias requerían que el sujeto soportara un dolor insoportable, por lo que se mantuvo en silencio y siguió las instrucciones de su madre para despejar su mente de todas las distracciones.

“Mi Richard… Estarás entrando en los salones de la Diosa Alucia en un momento, ahí recibirás la iluminación con respecto a tu destino. Si te revelan algunas opciones allí, puedes elegir…” Elaine se detuvo abruptamente y agitó la cabeza. “Querido mío, elige lo que quieras, solamente asegúrate de escuchar atentamente la voz de la Diosa y sigue a tu corazón.”

Richard asintió a pesar de su confusión. Sentía que su conciencia se iba difuminando lentamente con las suaves oraciones de su madre, como si se estuviera desconectando del mundo. Cuando despertó se encontró frente a un magnífico santuario.

Desde su ubicación en la arena, el santuario que se encontraba a miles de metros de distancia le hacía sentir tan insignificante como una hormiga. Los alrededores estaban hechos en su mayoría de piedra gris plateada que brillaba tenuemente, y cuando observó su entorno se sorprendió al ver estrellas sobre estrellas en el cielo, parecían estar tan cerca que creyó que podría tomar algunas si estiraba la mano. Tanto la arena como el santuario flotaban en el cielo estrellado.

El inmenso espacio le causó una sensación de estrés,  haciendo que su corazón latiera incontroladamente, no se atrevió a mirar una vez más a su alrededor. Se dirigió en línea recta hacia el santuario, cruzó toda la arena y subió miles de escalones de piedra para llegar a la entrada.  Si no hubiera sido por su resistencia y tenacidad que había entrenado como cualquier otro niño en las montañas, hace tiempo que habría colapsado. No se detuvo ni un momento desde que empezó a correr, sintiendo como si la arena llenara su horizonte y su entorno se moviese en sincronía con él. Era como si toda la zona fuese a desvanecerse en el momento en que se detuviera, cayendo en un abismo sin fin.

Para cuando Richard llegó a la entrada del santuario, había perdido el aliento y su corazón amenazaba con saltar de su pecho. Tardó un rato en calmarse antes de recordar las palabras de Elaine mientras levantaba la cabeza y miraba hacia el santuario.

El santuario no era una cúpula, por el contrario estaba rodeado por un círculo de pilares de piedra blancos como el jade. En el centro había un altar con tres diosas sobre él, todas en diferentes posturas y posiciones.

Se suponía que habría seis estatuas en el altar, cada una representando diferentes habilidades. Cuantas más pudiera ver Richard, más habilidades sería capaz de evocar con su iluminación. Con su extraordinaria memoria, pudo distinguir las tres que se le presentaban:

Extraordinaria Divinidad, otorga fuerza épica.

Corrientes de Vida, concede el poder de sanar.

Rapidez del Viento, aumenta su velocidad y agilidad.

Esto hizo que Richard se decepcionase un poco. Él deseaba con todo su corazón la bendición de la sabiduría, creyendo que los verdaderos hombres necesitaban ser intelectuales. Aun así, era bastante bueno que tuviera estas tres opciones, debido a que su madre quería que tuviera más de una. Elaine no le menciono a su hijo que más de la mitad de los que pasaron por esta ceremonia sólo vieron un santuario vacío.

El niño caminó hacia el altar, haciendo todo lo posible para encontrar la bendición de la sabiduría, pero este santuario y todo a su alrededor no era real. ¿Cuál sería el resultado de sus esfuerzos? El único efecto sería que las tres estatuas que podía ver, empezaran a desdibujarse por su indecisión.

“Quieres más habilidades, ¿verdad?”  Una voz sonó repentinamente en los oídos de Richard. Le hizo saltar y mirar frenéticamente su alrededor, pero no notó nada. La voz había llegado abruptamente, su frío tono robótico evocaba un miedo escalofriante dentro del niño.

“¿Quién…? ¿Quién eres tú?” Sacó valor y gritó con voz temblorosa. Sus palabras resonaron dentro del santuario, el fuerte eco le impactó una vez más.

“No importa, no volveré a aparecer. Estrictamente hablando, soy tu otra mitad, oculta dentro de ti” respondió la voz.

“¡Imposible!” Richard negó con determinación. Su madre una vez le comento que su alma era extremadamente pura, y no había nada que pudiese corromperla. Su miedo se disipó en un par de palabras, la confusión inicial y el asombro se desvaneció como el valor de un joven montañero.

La voz ignoró su comentario y continuó: “Ahora vete, elige aquello que te apetezca”

El altar delante de Richard se iluminó nuevamente, revelando tres estatuas más. Aparte de la Bendición de la Sabiduría, estaban la Compatibilidad Elemental y el Defensor de la Naturaleza. El segundo resultaba fundamental en el entrenamiento de un mago, permitiéndoles comunicarse con los elementos externos al cuerpo y reduciendo el agotamiento de sus poderes. Les permite lanzar un par de hechizos más que otros magos de un grado similar, fortaleciendo el avance del mismo. El último permite conocer más sobre la naturaleza, aumentando su sigilo y velocidad en terrenos complicados, también fortalece los Hechizos de la Naturaleza. Además, de dar inmunidad contra el veneno. La Iluminación le había dado a Richard las seis habilidades.

“Esto… Esto es…” Richard se quedó sin palabras, su cabeza entro en una gran confusión. La única explicación lógica para todo fue que se trataba de una ilusión; ¿De qué otra manera podía ser todo tan diferente de lo que decía su madre y el libro?

Pese a las circunstancias, el niño no olvidó su propósito. Caminó hacia la estatua de la sabiduría, inclinándose hacia delante para tocar los pies de la Diosa. Este era el significado de la ceremonia, tener al devoto postrado ante su Diosa con humildad.

En el momento en que la mano de Richard tocó la estatua, una aguda grieta resonó en su mente. Era como si el mundo entero se hubiese vuelto simple y claro para él, otorgándole un nuevo significado a las palabras que había leído en el libro sagrado: “La sabiduría permite a la gente ver el mundo con mayor claridad…”.

Todas las demás estatuas desaparecieron al momento en que palpó la estatua de la sabiduría. La ceremonia debió haber terminado en ese momento, pero el santuario aún no ha desaparecido. Richard observó su alrededor con nerviosismo, viendo a una nueva estatua emerger en el altar.

La estatua tenía los brazos cruzados frente a su pecho, la cabeza inclinada hacia un lado pareciendo malhumorada pero concentrada. Se diferenciaba de las otras estatuas porque no parecía tangible, sino que estaba compuesta de sombras.

“¿Podría ser otra habilidad?” Richard hizo todo lo posible para recordar, pero no podía imaginar qué representaba esta estatua. Incluso el libro sagrado no tenía registros de esta estatua, pero podía identificarla como una  de Alucia.

“¿No quieres otra habilidad?” La voz sonó de nuevo.

“¿Qué es?” Richard se detuvo y declaró: “No quiero renunciar a la sabiduría”.

“Se puede llamar verdad. Te permite mirar el mundo desde otra perspectiva, y al final del camino podrás ver otras cosas”.

“¿Otras cosas? ¿Qué son?” Preguntó por curiosidad. El silencio era su única respuesta.

Richard quería irse. Sabía que podía salir de este lugar y volver al mundo real en cualquier momento, dejando este mundo formado del poder de la ceremonia de Iluminación. El santuario había cumplido su propósito de permitir que alguien con talento aumentara la comprensión de sus habilidades y trazara sus caminos futuros.

Por otro lado, este lugar no era completamente ilusorio. El santuario flotante estaba lleno del poder divino de la Diosa, y las seis habilidades eran bendiciones concebidas por la misma Diosa. La voz y la desconocida séptima estatua derrumbaron todo lo que Richard sabía, haciéndole sentir una tentación demoníaca.

Pero, ¿cómo podría aparecer el poder demoníaco en la ceremonia de la Diosa de la Luna? Dudó seriamente al mirar la séptima estatua. Dos voces lucharon en su cabeza por el dominio, pero no sirvió de nada. “¿Tómalo o déjalo?”

A pesar de su lucha interna, Richard era honesto mientras caminaba hacia la estatua. “El mundo está equilibrado, todo tiene un precio.” El equilibrio era una de las enseñanzas fundamentales de la doctrina de Alucia, entonces, ¿qué tendría que pagar por esta segunda habilidad?

Esta fue la primera vez que Richard había caído en una confusa lucha, pero terminó extendiendo su mano de todos modos. Su madre le había dicho que eligiera lo que deseara y él no quería renunciar a esta oportunidad a pesar del precio. El pequeño Richard era un chico valiente, dispuesto a luchar por cosechas inesperadas. También era inteligente, sabiendo que su madre realmente esperaba que fuera un héroe, una persona realmente grande e importante.

Una persona superior al Barón Tucker.


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