Para usar el Modo Noche debes estar Registrado e Iniciar Sesión.
A- A A+

KJN – Capítulo 137

Capítulo 137 – Aquel que perdió sus ojos

Edición por Paris_117

Retrocediendo un poco en el tiempo—–—–

Al ponerse el sol, empezó a nevar en la capital real. Mientras el mundo se teñía del rojo atardecer, también era pintado de negro por las sombras. El volumen de la nieve que caía estaba aumentando.

En la calle de esa capital, si se miraba desde lejos, había una Zorra plateada en la nieve. Ella exhaló un aliento blanco, mientras esperaba algo con una tristeza en sus ojos.

Un tiempo después de que el sol se pusiera por completo, una sombra se le acercó por detrás.

“¡Una Zorra plateada apareció en la capital, después de todo eras tú, Yukime…!” Como si la nieve amontonada hubiera absorbido todo el sonido de la capital, una voz llena de resentimiento resonó en la capital extremadamente silenciosa.

Al mirar hacia atrás, Yukime vio a un hombre bestia de pelo negro que había perdido ambos ojos.

“Gettan… Siempre espere este día. Pero cuando al fin llego, ¿me pregunto por qué estoy sintiendo esta tristeza….?”

“¡Todo, fue obra tuya…! ¡¿Tienes la intención de arrebatármelo todo?!”

“……..Sí.”

En contraste con el rostro plano e indiferente de Yukime, el rostro de Gettan estaba grotescamente distorsionado.

“Casi tengo ese poder en mis manos… ¡Para que nadie pueda quitarme nada más…! ¡Quieres negármelo!”

“Ya se acabó, por favor, ríndete ya….”

“No— aún no. ¡¡Si recupero el oro que te llevaste, aún puedo recuperarme de esto!!”

“Gettan….”

“AHORA DILO, ¡¡¿DÓNDE LO ESCONDISTE?!!” Gettan desenvaino su naginata. Una naginata tan larga como su altura.

“Bueno, me pregunto dónde estará…”

“Te lo sacaré a la fuerza ahora.”

Yukime sacó su abanico de hierro.

“Ya no soy la antigua yo.”

Nieve blanca cayó al suelo. La luna blanca e innumerables estrellas brillaban en el cielo nocturno. En ese hermoso contraste entre blanco y negro, un abanico de hierro y una naginata chocaron. La blancura los envolvió y sangre fue derramada. La sangre roja tiño vívidamente el lienzo blanco de la nieve.

“¡Im….Imposible…!” El que estaba de rodillas era Gettan. Quien al mirar con furia a Yukime notó algo.

“Ese tipo de poder mágico… ¿¡es el mismo de entonces…!?”

Antes de que se diera cuenta, la apariencia de Yukime había cambiado. Ahora poseía nueve colas plateadas que gradualmente se hacían más gruesas y largas, sus ojos azules como el agua estaba teñidos de un rojo sangre. Hasta su denso poder mágico podía ser percibido incluso sin usar su vista.

“Esta es la verdadera apariencia de la tribu de los Zorros… el ganador ya ha sido decidido.”

“¡¡Con que, este es el legendario poder de los Zorros… el poder que me quitó los dos ojos ese día!!!”

“¿Te quité los ojos…?”

“Kuku… Pensar que ni siquiera lo recuerdas… ¡aunque tú fuiste la que me quitó los ojos! Si tienes ese tipo de poder ¡¡No, si tuviera ese poder no me habrían quitado todo…!!”

Al ver el rostro de Gettan lleno de odio, Yukime sonrío con tristeza.

“Gettan… ¿Por qué cambiaste? El viejo tú no era este tipo de persona…”

“¡¡CÁLLATE!!! NO TE ATREVAS A COMPADECERTE DE MI.”

“Se acabó.”

Yukime apuntó con su abanico de hierro al cuello de Gettan.

Esa sensación fría hizo que la expresión de Gettan se congelara.

“¡YUKIMEEEE—–!”

Yukime estaba mirando a Gettan mientras sostenía su abanico de hierro. Esa cara la hizo recordar algo que había ocurrido hace mucho tiempo. Como si el tiempo se detuviera, los dos no movieron ni un solo músculo.

Sólo la nieve seguía cayendo a su alrededor. Luego, baja su abanico de hierro mientras sus ojos y colas volvían a la normalidad.

“¿Qué estás planeando…?”

“Este es el final de mi venganza.”

“El final… dices.”

“Todavía no entiendo qué es lo que te hizo cambiar. Pero el hecho de que hayas pecado y que hayas salvado tanto la aldea como mi vida sigue en pie… Tu pecado nunca sobrescribirá tus buenas obras, ni viceversa. Todavía quiero creer en el tú que me salvo ese día…”

Yukime le dio la espalda mientras se alejaba sobre la blanca nieve.

“Así que… este es el adiós, Gettan…”

Gettan usó sus dos ojos aplastados y miró la espalda de Yukime con odio.

“No…. me jodas…”

Su odio no llegó a Yukime.

Entonces se trago una pastilla roja. Sus heridas sanaron rápidamente y…

“……………a”

Una flor de sangre broto en la blanca nieve.

“Qué tan lejos pretendes burlarte de mí.”

“Get….tan………”

Yukime, que había sido perforada por una naginata, cayó sobre la nieve.

Descarga:

Deja un comentario para mostrar que estuviste aquí:

Necesitas Iniciar Sesión para comentar.