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TG – Capítulo 98: Inicio.

Capítulo 98: Inicio.

Nairobi, Capital de Kenia, miércoles 29 [11:29 p.m.].

En lo alto de un edificio, un hombre regordete llevando una armadura de metal de cuerpo completo miro hacia adelante.

Cuando paso un minuto, el hombre ordeno. “Comiencen el ataque…”

Al momento siguiente fueron disparados algunos cohetes de los camiones artilleros que tenía bajo su mando.

Iluminando el cielo pasaron por arriba de su cabeza y luego…

*BOOM*

*BOOM*

*¡BOOM!*

Decenas de explosiones resonaron en el campamento de las fuerzas del ‘Terror Somalí’, pero algunas explosiones fueron detenidas debido a la barrera mágica del campamento.

Ese camión artillero eran armas viejas, sin embargo, esto era al comienzo.

Los tanques empezaron a moverse por las calles mientras los soldados empezaron a dirigirse para tomar el campamento enemigo, reforzados por vehículos de combate.

El principal objetivo era el campamento de las fuerzas del Terror Somalí.

El hombre regordete desenvaino su espada larga en lo alto del cielo y luego dio un paso hacia adelante en el precipicio.

Sin embargo, no cayó al suelo, sino que creo plataformas bajas sus pies y empezó a descender en dirección al campamento enemigo.

La alarma sonó en el otro bando y los soldados empezaron a moverse, junto a sus vehículos de combate.

*BOOM*

Un antitanque disparo en dirección de un tanque, pero no ocasiono graves daños debido al armazón.

Antes de que pudieran recargar, un corte dividió el arma antitanque y a los soldados que la manejaban.

La sangre se extendió por el suelo y el ‘Señor de Mombasa’ libero su aura de espada mirando como el tanque enemigo se acercaba.

Su aura de espada celeste rodeo su espada.

*BOOM*

El tanque disparo, pero el ‘Señor de Mombasa’ a una velocidad que los ojos no podían ver corto la mitad del disparo, sin ocasionar ningún daño.

La ametralladora del tanque empezó a disparar, pero el ‘Señor de Mombasa’ empezó a caminar hacia su objetivo dejando su defensa a la barrera de su armadura.

Sus pasos empezaron lento, pero luego tomo más fuerza hasta que su caminata se transformó en una carrera.

Su aura de espada de color celeste se infundió en su espada y sin dudarlo realizo un poderoso corte hacia el tanque.

A solo diez metros, su espada nunca tocaría el tanque, sin embargo, su aura de espada se extendió y libero un poderoso corte, acompañado de una ráfaga de viento que rompió los cristales de los alrededores.

La mitad del tanque y gran parte de la tierra fue cortada logrando que su corte pareciera una gran herida abierta.

El aura de espada celeste volvió a condensarse cuando el ‘Señor de Mombasa’ observo como los usuarios de habilidades llegaban para enfrentarse a sus tropas.

Mirando a sus enemigos con su espada en la mano, dio una sonrisa.

“Hoy nadie vendrá a ayudarlos…”

Esta vez sería diferente como a esas veces en donde el ‘Terror Somalí’ llegaba para contenerlo… Hoy, nadie vendría ayudarlos.

Hoy sería el final de esta guerra.

 

Kismaayo, antigua ciudad en Somalia, miércoles 29 [11:25 p.m.].

Como unos de los tantos países que terminaron desapareciendo en áfrica, Somalia no pudo soportar la crueldad del ‘Gran Cataclismo’.

Monstruos anfibios y marinos llegaron a sus costas, pero su gobierno termino fracturado cuando los pequeños señores de la guerra empezaron a aparecer.

No fueron su propia gente la que llevo a que el país cayera en ruina y caos, sino que los miles de jugadores exiliados de otros países que llegaron, uno tras otro.

A diferencia de los países centrales de áfrica, en lo que ahora se encontraba el bosque mágico… Somalia, sufrió la crueldad del ser humano.

El General McLean camino por las calles de Kismaayo sin cambiar de expresión.

Todavía quedaron ciudades indemnes, ya que siempre había personas que buscaban los recursos naturales o buscaban convertirse en gobernantes.

Sin embargo, en Somalia nadie luchaba para hacerse con todo el control del territorio.

La mayor razón era el ‘Pirata Somalí’ que controlaba la antigua capital ‘Mogadiscio’, quien era el individuo más fuerte de los alrededores.

Algunas ciudades como ‘Mogadiscio’ progresaban económicamente.

Lamentablemente Kismaayo era diferente debido a que estaba bajo el control un tirano.

Soldados se movían por los alrededores, entraban en los restaurantes y exigían dinero, comida y a veces las vidas de los residentes.

Pobreza, crimen, y corrupción.

Calles maltrechas, edificios viejos y sin mantenimiento, pero todo cambiaba cuando miraban a la costa.

Un pequeño castillo al estilo occidental se encontraba en una pequeña montaña creada artificialmente.

El castillo estaba en lo alto como si el dueño quisiera que todos vieran su grandeza.

Al General McLean siempre le disgusto esa clase de personas.

Ellos tomaban el poder no por su gente o su pueblo, no para ayudar o al menos dar la apariencia de ello.

Solo por gusto, diversión y a veces la propia satisfacción.

Esclavizaban y dominaban a otros, creyéndose señores feudales, pero no eran nada más que simples humanos.

El General McLean respiro hondo mientras una lanza aparecía en sus viejas manos.

Los milicianos que resguardaban la seguridad le empezaron a dar miradas puntiagudas, pero él dirigió su mirada a lo alto del castillo.

En donde la tenue presencia de un Rango S se podía sentir… Esa presencia que el ‘Terror Somalí’ siempre liberaba.

Tensando sus músculos, el General McLean salto hacia el castillo cuando su reloj holográfico vibro dándole aviso de que era la hora para actuar.

En otras áreas se escucharon el comienzo de la batalla, pero el General McLean agito su lanza cortando solo con su simple fuerza y destreza.

La torre del castillo desapareció y el corte llego hasta la costa en el mar.

Emanando la feroz presencia de un Rango SS capaz de cortar todo a su paso, el General McLean aterrizo dentro de la torre, pero inmediatamente frunció el ceño.

La presencia que había sentido provenía de un cristal que replicaba la presencia del ‘Terror Somalí’.

“¿Dónde está?” Pregunto el General McLean rompiendo la pared y llegando a los guardias que estaban afuera aturdidos por lo ocurrido.

“Q… AHhh…”

Antes de que un miliciano de Rango A, pudiera decir algo, el General McLean atravesó su estómago y lo empalo en la pared con su lanza.

“¿Dónde está el ‘Terror Somalí’?” Pregunto y mirando seriamente a los guardias que se acercaban, agrego. “Si no hablan ahora, nunca podrán emitir una palabra otra vez…”

Su voz llevaba la fuerza de alguien que podría cortar un castillo a la mitad y alguien que podía asesinar sin dudar.

Era cierto que era miembro del ejército, pero el General McLean seguía siendo la misma persona que cuando se unió a la Ciudad Zerzura.

Un Señor de la Guerra… Luchaba por sus creencias, con métodos excesivos.

“Hablen o…” Murmuro sacando la lanza del miliciano que estaba gimiendo en la pared.

Mirando como el miliciano se agarraba su estómago, gimiendo de dolor, los demás tragaron con fuerza.

“El Terror Somalí… Él… Está con el General Kavuri…” Informo un miliciano que estaba temblando de miedo.

La expresión del General McLean tembló un momento y sin importarle la mirada de los milicianos que estaban temblando por su poderosa aura, se dirigió al balcón del castillo para salir.

Antes de que pudiera prepararse para partir, noto a lo lejos un navío antiguo en el mar.

Un galeón de gran tamaño rodeado de una ligera niebla gris, flotando en el mar.

Desde ese navío se podía sentir una presencia, cuya fuerza era similar a la suya.

El ‘Pirata Somalí’ se presentó…

A pesar de que no sabía si la lucha comenzaría, ya que era muy difícil prever lo que haría un lunático, no tenía más opción que quedarse aquí.

“Espero que ellos estén bien…” Murmuro el General McLean mientras miraba como sus soldados derrotaban a las fuerzas del ‘Terror Somalí’.

******

—¿Qué hacemos?

Pregunto Henrik a través de la red de telepatía.

Aurora frunció el ceño al mirar al ‘Terror Somalí’ que había llegado.

“He bloqueado las comunicaciones, pero no estoy seguro cuanto durara…” Informo Liam rápidamente para que decidiera.

Ese hombre de piel oscura cuya cicatriz en la mejilla lo hizo ver feroz, ahora estaba saludando cómodamente al General Kavuri.

Un Rango S… Estaba presente y la situación se volvió más complicada de lo que había esperado.

Con sus propios guardaespaldas de Rango A, hizo que Aurora frunciera el ceño por un momento.

No podían esperar, ya que en cualquier momento podría llegarle el informe al General Kavuri o al Terror Somalí de que estaban siendo atacados.

La única opción que quedaba…

—Sigamos. El grupo de Clémentine y Henrik seguirán con su trabajo, salvar y derrotar las fuerzas del General Kavuri… En cuanto Akira, Liam y Alice se encargarán del Terror Somalí, mientras que el grupo de Akira los apoyara contra sus guardaespaldas… En cuanto a mí, iré por el General Kavuri.

Ordeno Aurora rápidamente a través de la red de telepatía mientras una espada aparecía en su cintura.

“No necesitas, excederte me encargare.” Detuvo Alice mirándola con calma.

¿Estaba preocupada por sus traumas del pasado?

Si, Alice era esa clase de persona que siempre la apoyaba y buscaba que no sufriera.

Sin embargo, si todos estaban poniéndose en una situación peligrosa, Aurora no deseaba contenerse.

—Entiendo.

—Comprendido.

La aceptación de Clémentine y Henrik llego, mientras Aurora solo le daba una sonrisa a su amiga para que no se preocupara.

Esta no era la peor situación que podrían encontrarse y tenían un margen de maniobra gracias a los Rangos S presentes.

—Sumo Sacerdotisa Xaali, usted da la señal… Que los demás se preparen para un ataque relámpago.

No podrían ocultarse sigilosamente como antes debido a que un Rango S con agudos sentidos estaba presente, sin embargo, eso no significaba que perdieran el elemento sorpresa.

Mirando por la pequeña pantalla de su reloj holográfico a la Sumo Sacerdotisa Xaali que estaba preparando el ritual, Aurora respiro hondo.

Un ritual que permitiría encerrarlos a todos e impediría que las personas escaparan.

Habían venido con el objetivo de encargarse del General Kavuri por completo y a pesar de que el Terror Somalí había aparecido, el objetivo no había cambiado.

Rescata rehenes y derrota a los enemigos… Tan ‘simple’ como eso.

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