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TG – Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 23: Nadie podía.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 23: Nadie podía.

Al frente del ‘Palacio del Congreso de la Nación Argentina’ se encontraban cientos de miles de personas ocupando una larga calle y cuya cola se extendía a lo lejos.

Al otro lado protegiendo el congreso se encontraban militares quienes llevaban expresiones frías mientras sostenían sus armas.

Algunos de esos militares tenían espadas o varitas, pero gran parte de ellos llevaban armas de fuego antiguas dejando ver la poca actualización militar.

Sin embargo, esos soldados no estaban solos, sino que se encontraban dos tanques estacionados en la zona y vehículos militares apuntando a la población.

Eran viejos, pero daban una sensación formidable cuando se enfrentaban a la multitud.

“¡Abajo el gobierno!”

“¡Fuera los corruptos!”

“¡Políticos hipócritas!”

Los gritos de la multitud empezaron a levantarse como una cacofonía de pena, ira y dolor, pero sin miedo.

¿Cuántos años fueron atados por sus gobernantes?

No se trataba de algún partido político, se trataba de la misma gente que subía al poder.

Dieciséis años habían pasado del ‘Gran Cataclismo’ y como la mayoría de los países sudamericanos, ellos sufrieron sin tener oportunidades.

Las personas comunes fueron inundadas por tasas de impuestos altísimas, gestiones mediocres, corrupción y como si fuera poco suprimidos por la fuerza.

Al principio los gobernantes daban promesas de progreso, pero nunca ayudaron a la gente común.

No apuntaron a una clase social, sino que ellos siempre protegieron a quienes lo mantenían en el poder… Usuarios de habilidades.

Solo por eso, los gobernantes corruptos pudieron mantenerse en su gobierno, pactando con sus ‘rivales’, dividiendo a la gente, mientras ambos buscaban sus propios beneficios.

Los usuarios de habilidades disfrutaron de las ventajas, pero con el tiempo, el descontento se extendió a los usuarios de habilidades.

Y ahora…

“¡Abajo el gobierno!”

“¡Muerte a los corruptos!”

Ellos estaban presentes en esta revuelta, con sus espadas, lanzas, mazos, bastones y todas sus armas levantadas en alto gritando con fuerza.

La corrupción era extremadamente alta, desde los intendentes, gobernadores y hasta los mismos ministros y presidentes.

Todo mientras mantenían el beneficio a los militares y a las autoridades locales, según lo cual algunos decían que usaban contratos mágicos para controlarlos.

¿Qué fue lo que hizo que la situación llegara a este punto?

El senado estaba a punto de cambiar la constitución y los cambios no iban a traer ningún beneficio para la gente común.

Control de armas y monopolio de las mazmorras para el gobierno, en el cual sin su aprobación nadie podía usar las mazmorras.

Como si fuera poco toda venta de material se debían realizar a través de ellos.

El poderío absoluto sobre la información desde control de redes sociales, registros de historiales a través de las compañías proveedoras de servicios y la capacidad de acceder a datos personales con total impunidad.

Tal cambio solo buscaba tener controlada a las personas para evitar sublevamientos contra el gobierno.

Esos cambios agregados a la tasa impositiva, la corrupción en la gestión, la impunidad a los políticos y más de veinte años de gobiernos retrógrados, en donde solo la casta política importaba, hicieron que la situación llegara a este momento.

¿A cuántos había asesinado el gobierno actual? La misma decena que seguramente el gobierno anterior, quienes supuestamente eran sus rivales.

No estaban en una democracia, lo habían dejado de estar durante mucho tiempo, pero ya era momento de dejar de tener miedo.

“¡Renuncien!” Gritó un anciano con una espada en su mano.

No era un usuario de habilidad, solo un antiguo jugador que no tuvo la oportunidad de despertar, pero en su momento fue alguien que sabía manejar la espada.

“¡Dejen de proteger a quienes oprimen al pueblo!” Exclamó un joven al ejército quien le apuntaba.

En su mano temblorosa tenía una varita y a pesar de que su rostro temblaba con miedo, su mirada era seria.

Solo era un adolescente que muy seguramente no había terminado la secundaria, pero estaba aquí en este lugar deseando cambiar su nación, su futuro a través de su reciente despertar.

Los únicos que protegían al gobierno actual y le daba confianza al gobierno para cambiar todo lo que desearan, eran las autoridades militares y policiales.

Y al igual que ellos dos, había decenas de miles de esas personas en este lugar y esta vez no estaban tan solos.

“¡Es hora del cambio!” Gritó un mago de aire mientras su voz se extendía con fuerza dejando ver que era un rango A.

Los usuarios de habilidades fueron ‘comprados’ y ellos se convirtieron en los únicos beneficiados durante bastante tiempo, manteniendo los gobiernos, pero ahora que estaban en dificultades finalmente se unieron a las personas comunes.

Del otro lado no solo había usuarios de habilidades comunes, varios de ellos eran mercenarios e incluso lunáticos contratados para ‘servir’.

Ahora quienes manejaban el tanque dirigió su cañón a la multitud.

Las barreras se levantaron entre el grupo, pero aquellos ciudadanos normales, tragaron su miedo y se mantuvieron en ese lugar.

Era en este punto donde no podían volver atrás… A su espalda estaban ciento de miles de personas y si bien este movimiento del gobierno fue secreto, era posible que fuera el principio de una guerra.

Una guerra civil que cambiaría al pueblo argentino.

“…”

El silencio se extendió y los segundos parecieron hacerse minutos cuando el tanque apuntó a la multitud.

Tanto los soldados como los civiles tragaban ante la posibilidad del enfrentamiento que sin duda se consideraría una masacre y…

*BOOM*

Dispararon.

Todos quedaron tiesos en el lugar ante ese disparo y aquellos que estaban al frente pensaron que iban a morir incluso con las barreras, pero nada de eso ocurrió.

La explosión sucedió a la mitad de camino cuando un hombre de físico esculpido se interpuso en el disparo.

“Bastante agresivos, eh.” Murmuró el hombre arreglando su traje con una sonrisa.

En medio del silencio su voz se escuchó con claridad y todos quedaron aturdidos y medio atemorizados al reconocer esa persona.

Víctor Pellegrini un nuevo rango SSS que había asesinado a demonios de rango SS.

Esa calamidad que muy posiblemente podría destruir la ciudad con sus puños, caminó hacia el tanque y nadie se atrevió a disparar.

Nadie pudo moverse cuando su aura cayó sobre los militares para presionarlos a todos y ese hombre cuando llegó al tanque, presionó su mano en el cañón.

Todos vieron como lo doblaba sin ejercer demasiada fuerza.

“¿Pueden darme permiso?” Preguntó Víctor con una sonrisa y observando a los militares, declaró. “Traeré un cambio al mundo y estoy seguro de que todos ustedes estarán contento… Incluyéndome.”

Un tono divertido y entretenido, con una mirada que solo podía ser llamada juguetona.

Los militares se separaron a una velocidad aterradora dejando pasar al hombre que tenía la fuerza de una calamidad natural y él se movió al senado.

Nadie lo intentó seguir y Víctor solo entró al edificio dirigiéndose a la cámara del senado donde actualmente se encontraban todos los senadores y el presidente escondido.

Entonces antes de que le pudiera llegar a la puerta, esta se abrió a su llegada.

“Bienvenido Su Majestad.” Dijo Ersin con una sonrisa y mirando a quienes estaban en el interior, comentó. “Cuando llegue todo estaba en control.”

En ese emblemático lugar en donde una parte del poder del estado se encontraba, aquellos que ocupaban altos puestos estaban arrodillados esperándolo.

Había una gran barrera que impedía que nadie pasara o escuchara e incluso los guardias que protegían el lugar estaban arrodillados.

Formar un Imperio no fue una tarea que se le ocurrió de un día para otro, fue un plan que llevó tiempo para realizar.

Iba a formar el Imperio de Sudamérica… Eso estaba grabado en piedra.

Creó las condiciones para que los gobiernos se volvieran más corruptos, controló a la oposición y formó las condiciones para que Sudamérica se encontrara en este estado agitado.

Estar en las sombras le permitió ser el titiritero de todo este estallido… El primero de muchos que sucedería hasta que su imperio se formara.

Caminando entre medio de los senadores y observando al presidente que estaban arrodillados, dio una sonrisa.

“Señores ustedes serán los primeros escalones para convertirme en Emperador.”

Su voz se extendió con una sonrisa mientras muchos de ellos palidecían… Muchos de los cuales no vivirían durante mucho tiempo.

Y lo más extraño fue que nadie dijo nada.

Es más, nadie podía.

No cuando estaban atados con métodos que asustarían a cualquiera.

******

Edward bebió su jugo y observó los noticieros que estaban impactados por la situación.

Dos eran la causa, una era porque el Imperio Falion había propuesto la paz con los demonios para evitar acorralarlos y otro era porque Víctor Pellegrini había aparecido en argentina.

De la noche para la mañana se había declarado gobernante y en tan solo unas horas, se había hecho con el control del ejército de todas las tierras argentinas.

Lo más impresionante era que había anunciado negociaciones con todas las partes afectadas en busca de hacer resurgir al país.

Hasta había eliminado impuestos, leyes y preparaba para juzgar a todos los corruptos y criminales políticos de la nación.

Esa promesa sería banal y sin sentido si venía de algún político que solo tenía una lengua de oro, pero tales promesas venían del reciente rango SSS, quien había demostrado su fuerza.

El gobierno argentino esperaba cambios y como si fuera poco, los ciudadanos de países vecinos empezaban a mirar con atención… Queriendo algo igual.

Queriendo salir de los gobiernos corruptos en lo que estaban.

Ver al presidente que había realizado muchas fechorías, varias de ellas públicas, ser destituido y detenido hizo que todo el pueblo argentino se emocionara.

Por supuesto, las críticas de los medios extranjeros empezaban a aparecer.

Edward bebió su jugo por completo y dio un largo suspiro ante ese cambio tan inesperado.

“¿Has escuchado? Ayer otro gremio cayó… Los miembros de ese gremio eran asesinos a sueldo, dicen que robaban a sus compañeros en las mazmorras antes de asesinarlos.”

“Eso no es nada. ¿Recuerdas el grupo de mercenarios que masacró toda una aldea? Fueron encontrados asesinados en sus hogares.”

“Yo sigo recordando al Gremio Roble… Ese inmenso domo de oscuridad los cubrió de repente y cuando desapareció, el edificio estaba destruido y los cadáveres esparcidos por los alrededores.” Murmuró un mercenario y en voz baja, susurró. “Te juro que vi a dos niñas de cabello negro salir ensangrentadas del lugar. No dejaron a nadie vivo.”

Edward se quedó tieso al escuchar esos rumores que había escuchado desde que había llegado hace una semana.

La caravana había esperado llegar y llevarse a los refugiados de inmediato, pero la situación cambió.

Se habían quedado durante una semana y durante ese tiempo los cambios fueron traídos de inmediato.

Los gremios con mayores crímenes fueron ejecutados de forma fría, dejando solo los edificios donde habitaba todo destruidos y arruinados, con los cuerpos fríos esparcidos.

Edward lo sabía, ningún grupo de la caravana se había movido, pero cada noche escuchaba los ruidos de ellas, quienes salían otra vez.

Cuando llegaban también había escuchado llanto y al día siguiente las escuchaba irse otra vez.

Ella era fuerte.

Demasiado fuerte.

Su fuerza muy seguramente estaba en la cúspide del rango S y su experiencia junto a su capacidad general era abrumadora.

Ante tales pensamientos, Edward quiso chasquear su lengua, pero no pudo.

Estaba orgulloso de que a sus diecisiete años se había convertido en un rango A, pero ellas a tan solo a sus dieciséis eran rango S en el epítome de su fuerza.

Su orgullo fue golpeado y destrozado.

Dejando de escuchar esos rumores salió de la taberna y se dirigió a la plaza mientras observaba como algunos milicianos patrullaban el área.

A pesar de las muertes y la sangre, todo el lugar estaba más tranquilo y la gente se veía animada.

Convivían con lunáticos que podían raptarlos, venderlos, matarlos o incluso si algún día tenían algún deseo perverso para satisfacer, ellos iban a ser los primeros en sufrir.

Las personas comunes no tenían fuerza y solo buscaban sobrevivir, pero su debilidad lo llevaba a ser los juguetes de los poderosos.

Siguiendo su caminó, Edward pudo ver a las personas llevar sus suministros alimenticios dados por los sacerdotes.

A diferencia de los primeros días, ahora ellos caminaban libremente como si este fuera un lugar seguro.

Había algo de miedo, pero no el temor a ser robado, golpeado y maltratado por algunas bolsas de arroz.

Tampoco tenía temor a esos aventureros que le exigían pagar ‘impuesto’ con lo que recibían.

Había una razón.

“Las Protectoras de Zerzura son unas lunáticas.”

“Las Protectoras de Zerzura son lo mejor.”

Ambas opiniones se extendían con fuerza, la primera era entre aquellos aventureros y mercenarios que vinieron a este lugar en busca de riqueza a costa de otros.

En cuanto a la segunda eran esos ‘otros’ quienes solo eran oprimidos y tratados como basura.

Ambas habían asesinado a muchas personas en solo una semana… Habían anunciado su nombre con sangre y cadáveres.

Ellas habían dejado en claro que no solo eran fuertes, sino que para lograr sus objetivos estaban preparadas para teñirse las manos de sangre.

Solo dos jovencitas se necesitó para atemorizar a los más lunáticos de este lugar y hacer que muchos de ellos huyeran temerosos a ser cortados.

Desde la caída del Gremio Roble, ellas solo continuaron ejecutando a las personas que debían eliminar.

Cuando se trataban de individuos con crímenes graves, nunca salían con vida y solo los crímenes menores recibían diferentes tratos.

No era un temor temporal, la caravana se había movido para dejar en claro que un grupo se quedarían en este lugar.

Los Orisha Oko estaba presente como intermediario de Zerzura y como si fuera poco, pequeños gremios, aventureros y mercenarios que antes fueron reprimidos se unieron a ellos.

Las promesas podían motivar, pero lo que verdaderamente los movía era que la Empresa Apicius concedió un gran prepuesto y mejoró los negocios para ellos.

Mientras vendieran sus materiales a la Ciudad Zerzura, la Empresa Apicius les daría los mejores tratos que vendiendo a través de otros individuos.

Tal vez Aurora y Alice fueran imprudentes… Edward como alguien del mismo tipo, podía identificar a sus iguales.

Sin embargo, ellas tenían diferentes personas que la apoyaban y utilizaban sus acciones para actuar, siguiendo un objetivo mayor.

Solucionando sus problemas y disminuyendo las consecuencias de sus acciones.

¿Lo que ellas estaban haciendo estaba bien?

Solo usaron su fuerza para llevar a cabo sus objetivos, aunque tuvieran que eliminar a otros y eran aquellos que parecían cercanos a ellas, quienes la apoyaban sin dudar.

Edward caminó todavía ligeramente aturdido por tantas emociones y tantos pensamientos.

Entonces, cuando se acercó al edificio central tras pasar por el campamento de refugiados se encontró con Aurora y la Cardenal Brousseau saliendo desde el interior con un militar.

Era el señor de la guerra local, un hombre en sus treinta años.

“No necesitan preocuparse por la situación. Gracias a ustedes ahora nuestro grupo tiene un control más férreo del área y me permite centrarnos en lo militar.” Dijo el señor de la guerra y dando una sonrisa, agregó. “Por supuesto, también permitiré que puedan acceder a los camiones de aquellos grupos ‘tratados’. Será definitivamente de ayuda para su marcha.”

Tales palabras sonaban simples y ligeramente alegres, pero Edward no sentía miedo en ese señor de la guerra.

Tal vez debido a que estaba bajo el mando del ‘General’ un rango SS, sin embargo, sin duda fue bastante libre a la hora de actuar.

No solo se atacaba a los gremios, sino que también se recuperaba sus bienes y en su caso, la caravana necesitaba más camiones y había bastante de ellos bajo esos gremios.

Negociar con el ‘Señor de la Guerra’ local, los hizo parecer como si su grupo los hubiera obtenido de forma ‘pacifica’ y a la vez evitaba conflictos con un rango SS.

El Señor de la Guerra se fue y Edward que estaba en el lugar observó a Aurora y la Cardenal Brousseau.

“Por su objetivo de armar su milicia no le importa tener que ceder en algunos puntos.” Dijo la Cardenal Brousseau con un tono serio.

Ese individuo en realidad solo se había centrado en lo militar y era por esa razón que este lugar tenía tan poco control.

“No importa, mientras dejemos una conexión. Podremos regresar en el futuro y volver a llevar estas misiones otra vez. Al mismo tiempo que mantenemos cierta atención en el área.” Respondió Aurora con un tono simple y luego le dirigió una mirada a Edward.

Por un instante lo iba a ignorar, pero su mirada se mantuvo durante un momento como si notara sus emociones que trataba de ocultar.

“Pronto volveremos. Pero antes hay algunas misiones que se requieren atención, si estás desocupado acompaña a Makeba o a Abdellah, ellos te darán trabajo.” Dijo Aurora y sin importarle su respuesta, se alejó con una expresión fría.

Edward observó la espalda de esa joven hasta que desapareció.

Sus emociones solo se volvieron más complicadas.

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